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#1 (permalink) |
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El amo de la no-imaginacion
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Bueno, este mi intento de cuento de terror. Ojala les agrade.
¿Qué es estar bien? “…Ya van doce asesinatos, ¿no te da miedo salir solo?” “Para nada. Pasará lo que tenga que pasar, tengo mi conciencia tranquila.” “Pero, ¿doce? Yo creo que ya son muchos… Tal vez la leyenda del hombre es verdad Alan, ¿no te parece aterrador? “¡Ja! Vamos Ana, no me digas que aún crees en esos cuentos de niños.” Titubeando, Ana respondió. “¡Claro que no creo! Sería ilógico, ya estamos en facultad. Solo digo que es curioso…” Alan observó a Ana con una sátira mirada. “Ok, si me asusta un poco. Caminar hasta fuera el pueblo… Si algún cholo no te mata del susto, entonces la leyenda lo hará. Admítelo, para ser cuento es escalofriante.” Ana rápidamente respondió al ver la desaprobación de Alan a su comentario. “La verdad no he escuchado la leyenda completa.” “¿No? Es mas o menos así.” Ana aclaró su garganta y puso cara de seriedad ante el asunto. Se acercó un poco y convirtiendo su voz un intento de tétrico murmullo, comenzó a contar la leyenda. “Simeón era un feliz hombre casado. Llevaba apenas un par de meses de matrimonio y su mujer ya esperaba un hijo. Todo era color de rosa hasta, mientras la lluvia caía, salieron a comprar víveres. La lluvia era muy fuerte, por lo que la visibilidad era poca. Simeón solía conducir con cuidado, pero la gente de las ciudades siempre lleva prisa. Un auto de un turista salió de la nada y se impactó de lleno contra ellos. Las ambulancias llegaron y lograron salvar a Simeón, pero no a su esposa. Simeón lloró y lloró durante días. La depresión le pudría las entrañas y su corazón se le caía a pedazos. A pesar de eso, quería vivir, quería salir adelante y superarlo. Pero la soledad es ******* y Simeón no podía con ella. Cuentan que un día, ya cansado de tanto llorar, le pidió al diablo que lo quitara su sufrimiento, que lo hiciera no volver a sentir nada nunca más, que le quitara toda su pena y que se llevara su alma para que no volviera a sufrir. El chanclas aceptó sin titubear y de inmediato dejó de sentir dolor. De hecho, dejó de sentir cualquier cosa: tristeza, soledad, odio, dolor, frío, hambre, sueño, sed, esperanza e incluso alegría…Era peor que estar muerto. Su condena era ser un cadáver viviente, pero aún así si voluntad le hacia seguir moviéndose. Moviéndose para recuperar lo que perdió, su sentir…Ahora, se dice que tortura personas para ver si el sufrimiento en sus caras hace recordar que es el sentir … A veces se le escucha quejarse por las calles, siempre vagando solo. Cuando se aparece, siempre te pregunta como te sientes, por que él jamás podrá sentir…” Ana volvió a su postura original. “No me pareció tan terrible como decías.” Alan, inmutable, contestó. “Como quieras, yo solo te advierto. Cuando Simeón venga a torturarte, no vengas a pedirme ayuda a mi.” En ese momento, el maestro entró al salón. “Buenos días compañeros.” “Buenos días.” Unísonos y monitos, los demás alumnos contestaron mientras se arrastraban a su lugar y colgaban sus miradas del pizarrón. Estar en el horario vespertino era muy difícil y cansado, pero gracias a Dios ya era la última clase. Al llegar las 9:30, el maestro, en un acto completamente altruista, dejó salir a sus alumnos. Automáticamente, los jóvenes pupilos salieron disparados por la puerta. Se despedían uno del otro mientras seguía cada quien su camino. Afortunadamente Alan vivía en un pueblo cercano de la universidad, en la región de Los Altos. Aun así, tardaba cerca de cinco horas en ir caminando y menos de dos en camión (contando la larga caminata de la escuela a la terminal de autobuses y de la parada a su casa). “Bueno, ya me voy. Es tarde y no quiero tener que volver caminado hasta Acatic.” Ana vivía no muy lejos de ahí. Siempre se iban por caminos separados. Mientras Alan llegaba al centro del pueblo para tomar el camión, ella prefería avanzar hasta las afueras del lugar donde un primo pasaba por ella. “Espero Simeón no te saque los ojos” Ana dijo en tono de burla mientras se alejaba. “No te preocupes, no los necesito mucho.” Mofándose de la leyenda, Alan respondió. Despidiéndose de un par de compañeros que se encontró en el camino se dispuso a avanzar hacia la estación de autobús. Tepatitlán siempre había sido un pueblo tranquilo. A pesar de que continuaba creciendo constantemente, no había perdido el folklore y la seguridad de cualquier otro poblado decente y civilizado, no como esas grandes urbes sociales y las capitales llenas de estrés. Pero esa noche, Tepatitlán le guardaba una sorpresa. Después de su ya típica marcha nocturna, la plazuela que estaba enfrente de la central de ómnibuses se divisaba a lo lejos, tal cual se había presentado frente a él cada noche, excepto por un pequeño detalle: una misteriosa figura errante que vagaba como perdida alrededor del kiosco. Eran apenas las 10:20 y el camión de las 10:45 aun estaba lejos de partir, por lo que decidió dar un pequeño vistazo para probar su valentía de macho mexicano y que la leyenda de Ana no le había asustado. Conforme se fue acercando, las luces de los faroles desnudaron a figura de su misterioso porte y de su enigmática silueta dejando la imagen de una angelical mujer con la belleza típica de la región: un cuerpo agraciado, una cabellera suelta con caída como de catarata y los tan envidiados ojos esmeraldas que muchas mujeres deseaban. Alan se acercó un poco más (que quede claro que no fue por lujuria, sí no por curiosidad) y notó que su piel dorada presentaba unas terribles mallugaduras color púrpura que eran evidentes aún a la media luz de la noche. Finalmente, a unos metros de el, la dama desfalleció. Preocupado, Alan corrió hasta a ella y la tomó entre sus brazos, aplicando todo lo que sabia de primeros auxilios y demás cosas médicas complicadas (que por cierto, contra su voluntad, su padre le había enseñado). La acostó en una banca y tras unos minutos despertó con un aire de perdida. “Tranquila. Te desmayaste. ¿Cómo te sientes? ¿Estás bien?” Alan trató de asegurarse del estado de salud de la joven. Ella, con la inocencia de un niño y la mirada de un minino respondió inocuamente “¿qué es estar bien? Hace tanto que no tengo la menor idea de esas palabras…” Incorporándose en si misma, adopto una posición como de niña frágil y asustadiza que conmovió de inmediato a Alan. Tenia la belleza de toda una mujer y el endeble espíritu de una pequeña que debía ser protegida (y que coincidentemente había caído a los brazos de alguien que deseaba proteger a una princesa como ella). Era como si sus almas se conocieran desde hace mucho. El no saber que era estar bien era un estado común en Alan. Él no tenia mucho de que quejarse, pero tampoco mucho de que agradecer. Casi siempre se la pasaba soñando con el día en que una damisela hermosa y delicada se cruzará en su camino y, ahora que había pasado, no la dejaría ir tan fácilmente. “Creo que tu desmayo fue causado por hambre. Por aquí cerca hay un café muy bueno… Si quieres, podemos ir a comer algo… Digo, si es que tienes hambre…” “¿Hambre?” Meditando la palabra, los ojos verdes se clavaron en los de Alan. “No lo había pensado… Me parece bien…” Con una sonrisa se puso de pie y con un candor juvenil, estiró la mano a Alan. Aunque ella había estado inconciente, parecía como si se sintiera perfectamente bien. A él dejó de impórtale mucho eso y se concentro en que esa noche aquella mujer fuera suya. “El camión se fue temprano y no lo pude tomar, por eso me quedé en el pueblo.” Esa era la excusa que diría al día siguiente en su casa. Ya todo estaba resuelto. “Yo soy Alan ¿Cuál es tu nombre?” Tras un rato de introspección, ella respondió “llámame Vany”. Llegaron al café y ambos pidieron algo de tomar. Vany era muy extraña. Se la pasaba preguntando cosas bastantes simples y sin chiste. Preguntas obvias como “¿qué es mojado?” o “¿qué es cansancio?”, pero como diría la refinada cultura de las altas esferas sociales, “la chava estaba bien buena.” “… El CUALTOS es genial, me encanta estudiar ahí.” Alan hablaba y hablaba dejando muy en claro su masculinidad y lo buen prospecto que era. Ella respondía con las mismas preguntas ilógicas a cada oración… “¿Y como te sientes?” ” ¿Qué sensación te produce?” “¿Qué sientes al respecto?” “Te interesa mucho lo que siento, ¿verdad?” Alan alimentaba su ego con el interés que Vany le prestaba y, tratando de seducirla, preguntó. “Hace mucho que ya no siento alegría. Quiero ver alegría en tu rostro para sentir alegría.” Vany respondió. A Alan le encantaron sus palabras y un tremendo deseo de poseerla le invadió el pecho. Alan no era precisamente atractivo, así que cayó redondito ante los pies de la doncella. Había estado mucho tiempo sin compañía y ella presentaba las dotes necesarias como para ser objeto de la pasión del chico. Vany acercó un poco su cabeza hacia el oído de él. “También quiero ver en tu cara deseo para recordar que es el deseo. Y quiero que de nuevo me ayudes a sentir placer.” La imagen de niña pura desbordó un toqué de sensualidad que provocó un gran sobresalto en Alan. Sin pensarlo dos veces, él respondió “eso lo podemos arreglar…” Casi automáticamente, Alan se puso de pie e invitó a Vany a seguirlo. La pasión se derramaba por sus ojos y manchaba por completo a Vany, a quien le parecía no importarle en lo más mínimo. Después de unos minutos caminando, llegaron a un lugar abandonado afuera del pueblo. Era una casucha donde ya nadie vivía. Aún conservaba algunos materiales de la remodelación que nunca se termino y el polvo de los años que nunca se han ido. La oscuridad del lugar era la música de fondo perfecta para la ocasión. Alan la tomó entre sus brazos. Sus manos recorrían cada milímetro del cuerpo de la fémina con un toqué de ansias y desesperación. Ella, inmutable, ni siquiera correspondía las caricias. Se dejaba prendar de las yemas del joven mientras se acercaba más y más hacia su oído. “Quiero ver la alegría en tu rostro para recordar que es ser feliz.” Los ágiles dedos se toparon con un botón, del cual se deshicieron rápidamente. “Quiero ver el placer en tu rostro para recordar que es el placer” Un botón mas. Las suaves caricias se comenzaban a convertir en toscos ademanes bestiales sedientos de satisfacción. “Quiero ver la desdicha en tu rostro para recordar que es la pena.” Esas palabras golpearon en seco dentro de Alan, pero estaba tan ocupado que no le tomó mucha importancia. “Quiero ver en tus ojos el odio para recordar que es odiar.” La voz de Vany tomaba un tinte de demencia y las caricias de Alan un matiz de deseo. Entre los roces un olor a muerto se filtraba hacia el olfato de Alan. Él seguía midiendo la distancia entre los senos de Vany y probando el sabor de la piel de su cuello cuando el último botón cayó al piso. Alan gritó aterrado y asqueado mientras se alejaba de Vany con un vahído que llenaba la habitación junto con un pánico que salía por las ventanas. El pavor escapaba de su boca en forma de hilos de aire y su mirada tragaba la imagen de un cuerpo podrido que yacía debajo de la blusa de Vany. Gusanos vivos caían de su pecho y rastreros insectos se escondían de la luz de la luna como vampiros del sol. La voz de la inocente niña había alcanzado una vesania atroz con la que gritaba una y otra vez como espíritu salido del mismo infierno: “¡Quiero verte muerto para saber que es la muerte!” Alan, despavorido, saltó por la ventana. Vany tomó una varilla de la construcción y lo persiguió. “¡Alan, ya no siento nada! ¡Ven y ayúdame a saber que se siente sentir! ¡Explícame que se siente que te claven una varilla en el pecho, que te arranquen un pie, que te arranquen una a uno los dientes, que te quiebren cada hueso! Después podrás ayudarme a saber que es el amor verdadero… Nada Alan, no siento nada… Desde que me tope con aquel hombre ya no siento nada. Ni cansancio, ni hambre, ni sueño, ¡nada! Lo ultimo que sentí fue ese maldito escalofrío… Ven aquí y déjame sentirte Alan. ” Alan corría através del bosque, pero el cansancio era más rápido que él y lo alcanzó. Vany lo perseguía como un muerto que corre sin cansancio, sin jadeos, sin debilidad, sin nada. Como un muerto viviente eterno. Las moscas seguían apilándose alrededor de ella y los insectos excretaban la carne podrida de su pecho. Alan, jadeante y aterrado, se escondió detrás de un árbol y tomo una piedra. Cuando Vany pasó, Saltó contra ella golpeándola en la nuca con la piedra. La varilla rodó por el suelo y la sangre se impregnó en la piedra, pero Vany impávida giró su cabeza. “No siento dolor Alan… No siento nada…” Vany estiró sus manos hacia Alan, quien siguió golpeando con la piedra sin resultados. Vany lo tomó de su brazo. Un hormigueo recorrió la extremidad del muchacho hasta que llego a sus piernas, quitándole todas las fuerzas. Ambos cayeron al suelo. Alan, armado con la roca, se mantuvo constante en los ataques mientas que Vany se seguía deformando a cada impacto de esta. A pesar de todo, ella se seguía moviendo… Un sin fin de veces golpeó con la piedra como una bestia embravecida. Terminó destrozando por completo el rostro de su victima y perdió control sobre su propia conciencia. Cuando despertó, estaba en una cama de una habitación. Era el hospital de Tepatitlán. Todo lo que había pasado parecía una pesadilla y su vida misma parecía un sueño. Cada recuerdo que conformaba su memoria lucia lejano y cada acción que hacia parecía como un instinto que no controlaba por su propia voluntad. Por la puerta del cuarto entró Ana. “Me tenias preocupada. Se encontró un treceavo cuerpo y tú estuviste 3 días desaparecido. Cuando te encontraron estaban en medio de la nada inconciente. ¿Qué pasó? ¿Te sientes bien? Las palabras de Ana resonaron en su cabeza. ¿Sentirse bien? Sonaba tan remoto. De hecho, todas sus ideas parecían remotas. De pronto, un sádico instinto invadió su mente y con una sonrisa, le respondió a Ana: “¿Sentirse bien?” Con la inocencia de un niño y la mirada de un minino dijo inocuamente. “¿Qué es estar bien? Hace tanto que no tengo la menor idea de esas palabras…” |
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#2 (permalink) |
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Hoy será el gran dia...
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Ohhh, bastante interesante aunque algunas cosillas demeritan el escrito, una de ellas el error de si es cuento o leyenda al principio.
Aunque tambien de entrada es muy predicible, pero bueno ahora la palabra terror es dificil de alcanzar, el final es bueno y la verdad disfrute leerlo hasta me recordo un cuento que se llamaba la noche los espiritus de un escritor mexicano.
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![]() Post escrito sin acentos. |
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#3 (permalink) |
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enemigo de Aladar
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Pues en realidad me has sorprendido; no sé de dónde tomaste la idea, pero el planteamiento es bastante interesante y hasta podría decir que original.
Pues lo curioso es que invita mucho a la lectura, por el tono de leyenda popular o de barrio, e incluso te das el lujo de incluir un detalle de descripción de la ciudad (bastante bien manejado). Por supuesto, la historia tiene sus clichés, pero no son como los hollywoodenses, sino como esos viejos y entrañables clichés tradicionales =P En fin, muchas felicidades por tu escrito, que para el terror que se maneja actualmente es digamos, una propuesta diferente, pero genial en el género que esté. Muy bien =) Lo mejor: el paralelismo en la idea de "insectos que se ocultan de la luz de la luna como vampiros de la del sol." Me encantó esa frase, realmente te luciste =) |
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