Crítica: Insidious: Chapter 2

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Con la ayuda de su más reciente película de terror, El Conjuro, la cual sigue asustando a muchas personas en algunas salas de cine, James Wan regresa con dos horas más de sustos con Insidious: Chapter 2, la secuela de la película de bajo presupuesto del 2011 que dejará a los fans del género pidiendo más. Y en efecto, con una conclusión inteligente que sugiere que la franquicia podría continuar sin la participación de las estrellas Patrick Wilson y Rose Byrne, no hay razón para dudar que Insidious pueda rivalizar con las propias películas de Saw de Wan para tener una buena longevidad.

Si algo hemos aprendido de las pasadas películas de Wan, es que los espíritus malignos persiguen a las personas y no se quedan en una casa en específico. En la primera película de Insidious, la persona que resulta afectada es Dalton Lambert, hijo de Josh y Renai, quien entró en un coma profundo después de que su alma se perdiera en un sueño astral en un mundo oscuro llamado The Further gracias a un demonio que intenta poseerlo. Y de hecho, como un giro de último minuto, es en realidad a Josh a quien ha perseguido dicho demonio por décadas.

Oportunamente, la secuela comienza con un flashback de la infancia de Josh y su primer encuentro con la hipnotizadora y medium Elise, quien parecía morir al ser estrangulada por las manos de Josh en los momentos finales de la primera película. Con esta nueva pieza del rompecabezas en su lugar, volvemos al presente, continuando exactamente donde la cinta anterior nos dejó.

Buscando tener un nuevo comienzo, los Lambert han hecho las maletas y se han mudado con la madre de Josh, Lorraine, quien vive en una casa de aire victoriano que necesita reparaciones y que permite a la imaginación de Wan funcionar salvajemente. Pronto se hace evidente que los Lambert no han llegado solos.

En la primera Insidious, se sentía en muchas ocasiones como un tributo a El Resplandor, con un niño superdotado capaz de comunicarse con los muertos y su secuela continúa este homenaje con el aparentemente respetable Josh siendo cada vez menos él mismo y posiblemente convirtiéndose en algo bastante peligroso. Eso, junto con la aparición de algunos invitados no deseados en la casa, hacen que Lorraine traiga de vuelta a los compañeros de trabajo de Elise, Specks y Tucker. Eventualmente se les une otra persona del pasado, el investigador de lo paranormal Carl, quien inicialmente investigó el caso de los Lambert al lado de Elise todos estos años.

De nuevo, Wan nos presenta una buena historia de fantasmas, poblada por muchos espíritus inquietos que terminaron mal su tiempo entre los vivos, una madre que sólo Norman Bates podría amar, y un poco de lírica de viajes en el tiempo. Wan es un artista ingeniosamente mezclado con el guionista Leigh Whannell, asaltando libremente nuestro almacén colectivo de recuerdos de películas de terror, con formas inesperadamente frescas.

Incluso su propio trabajo está en juego, ya que El Conjuro en muchos aspectos se parecía a un periodo de inversión de papeles de Insidious, con Patrick Wilson como cazador de fantasmas en lugar de ser él el afectado. Pero donde tantas secuelas parecen meros remakes de sus predecesores, con presupuestos más grandes y menos imaginación, el capítulo 2 de Insidious se siente como una verdadera continuación de personajes que disfrutamos conociendo la primera vez, y a los que no nos importa ver de nuevo.

Si Wan es mejor que la mayoría de los directores del género de terror, la verdad es que es aún más prodigioso con los objetos inanimados misteriosamente poseídos, dando a la audiencia unos buenos escalofríos con cada rechinido de puerta, con los candelabros balanceándose y con la estática de los radiotransmisores. Realmente entiende el valor espeluznante e innato de las antigüedades y de cualquier cosa asociada con la infancia, ese pasado irrecuperable.

Trabajando de nuevo con el director de fotografía John Leonetti, Wan logra obtener un arte misterioso con un estabilizador de cámara rodeando lentamente a un sujeto o a un objeto. El diseñador de sonido y editor Joe Dzuban también merece recibir elogios por su inestimable contribución a la atmósfera penetrante e inquietante de la película.

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