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Críticas, análisis y reseñas

Hotel Transylvania | Crítica

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Hotel Transylvania | Crítica

Con una increíble recaudación cercana a los 93 millones de dólares durante su fin de semana de estreno, Hotel Transylvania se volvió un extraño fenómeno septembrino, mes donde históricamente los estrenos en cine no son tan taquilleros. La reinvención de un Drácula bonachón acompañado de un séquito de monstruos familiares llama poderosamente la atención a chicos y grandes.

Hotel Transylvania

Seguramente a la mayoría le suena el nombre de Genndy Tartakovsky, y si no lo ubican de nombre es un hecho que todos hemos disfrutado algunas de sus obras en Cartoon Network, para quienes creó célebres caricaturas como El Laboratio de Dexter y Samurai Jack. El director de series de animadas dio un inesperado brinco a Sony Pictures, estudio con el que recién estrenó su primera película de animación: Hotel Transylvania.

Pero si esperan ver mucho de Genndy Tartakovsky en Hotel Translyvania, quizá quedarás decepcionado, ya que el largometraje animado toma un rumbo distinto a sus anteriores trabajos. Comenzando por el diseño de personajes, la película se aleja de las figuras estéticamente agresivas y contornos remarcados, ofreciéndonos personajes y monstruos con diseños más conservadores. Los chistes, por su parte, no tienen que ver con el humor inteligente de las caricaturas de Tartakovsky, sino con bromas más comunes y simplonas, aunque generalmente igual de efectivas.

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La trama de Hotel Transylvania también es simple: El conde Drácula construyó hace muchos años un enorme castillo que sirve a manera de hotel de lujo para monstruos, quiénes encuentran paz y tranquilidad alejados de los “terribles humanos”. Drácula en específico tiene un odio especial contra ellos y dirige gran parte de sus esfuerzos en lograr que su hija Mavis vea lo malos que son los humanos y nunca abandone el castillo.

La situación se complica en el cumpleaños 118 de Mavis, cuando la joven cumple algo así como la mayoría de edad vampírica. Drácula prepara una gran celebración para festejar a su hija e invita a toda la flora y fauna de monstruos de cuentos y leyendas que se te puedan ocurrir: Frankenstein, la Momia, el Hombre Lobo, el Jorobado, el Hombre Invisible y un largo etcétera, pero entre los asistentes llega un colado, un viajero humano llamado Jonathan.

Drácula entonces tiene que evitar que sus invitados se den cuenta que hay un humano en el castillo, ya que la reputación de su hotel se iría por los suelos, pero también está el caso de Mavis, ya que no desea que socialice ni un poco con Jonathan para que no se caiga su teatro de los hombres malos y terribles, o peor aún, que se enamore.

Hotel Transylvania | Crítica

Johnnystein intentando impresionar a Mavis

Comedia animada

La simple historia de Hotel Transylvania está aderezada con muchas, quizá demasiadas bromas, algunas realmente te hacen reír, otras lucen demasiado tontas, pero en general la cinta está enfocada como una comedia infantil, y se nota hasta en la inclusión de las clásicas canciones para que los pequeñines se memoricen la letra y la canten el resto del año.

Otro detalle viene con la narrativa y el desarrollo del filme, pues pareciera que Hotel Transylvania hubiera sido creado como un capítulo de caricatura de 30 o 40 minutos, y para cubrir la rigurosa hora y media que duran este tipo de animaciones se enfocaron a meter demasiado relleno en escenas de humor algo largas. Un ejemplo claro es cuando Drácula quiere deshacerse de Jonathan: el conde desea sacar al humano de su propiedad a como dé lugar, y entre que lo saca, regresa, lo saca, platican, regresa accidentalmente, lo saca y vuelve a regresar, pasan varios minutos que pudieron quizá dedicarle a desarrollar la historia o planear chistes distintos.

En cuanto al apartado técnico, Hotel Transylvania se queda atrás de otras producciones animadas por computadoras que se han estrenado durante el año, como Valiente y La Era de Hielo 4, con diseños ambientaciones simples y cuadradas, aunque bien pudiera deberse al estilo más caricaturesco que Tartakovsky le quiso imprimir a la cinta. Lo que sí hay que reconocer, es que más allá del diseño de personajes, todos son monstruosamente divertidos. Curiosamente, el único personaje que siento que queda a deber es Drácula, ya que tiene estampado el clásico cliché del padre que quiere lo mejor para su hija.

Hotel Transylvania | DráculaDrácula

El típico padre que se preocupa por su hija y hace todo lo posible para mantenerla donde él cree que está segura. El anfitrión del hotel es generalmente bonachón y planea todo hasta el último detalle.

 

Hotel Transylvania | MavisMavis

A la tierna edad de 118 años Mavis se encuentra en esa curiosa etapa de la adolescencia donde uno quiero estirar las alas y volar -literalmente- para conocer el mundo.

 

Hotel Transylvania | JonathanJonathan

Un viajero de esos que en el mundo de los humanos llaman “pata de perro”. Para pasar desapercibido en el hotel se hace pasar por un primo de la mano de Frankenstein.

 

Hotel Transylvania | FrankensteinFrankenstein

Como le tiene miedo a los aviones Frankenstein viaja por partes y es ensamblado una vez que llega a su destino. Este monstruo mandilón es un viejo amigo de Drácula.

 

Hotel Transylvania | WayneWayne

Más parece el lobo feroz que hombre lobo, y tras fallar en su intento de comerse a los tres cochinitos, Ricitos de Oro y Caperucita Roja, decidió sentar cabeza y formar su propia jauría.

 

Hotel Transylvania | MurrayMurray

Esta momia panzona es el clásico gordito chistoso del grupo. Si no está llenando de arena el hotel, seguramente está bromeando o siendo embromado por el hombre invisible.

 

Hotel Transylvania | GriffinGriffin

Reportes confiables señalan que debajo de su coraza de invisibilidad se encuentra un greñudo hombre de rizado cabello pelirrojo. Es él el objeto de bullying del resto.

 

Hotel de 3 y media estacas

En la cuestión de doblaje en español, Hotel Transylvania tiene altibajos. El estudio encargado de las voces (New Art Dub) abusa por momentos de mexicanismos, frases coloquiales y chistes locales, y varias bromas se diluyen por el mismo doblaje. La voz de Drácula tampoco me convenció del todo: aunque el tono de Germán Fabregat es el correcto, su “acento ruso” terminó cansándome. Fuera de Drácula, el elenco de voces fue certero en su trabajo, destacando la voz de Violeta Isfel como Mavis, Cristóbal Orellana como Jonathan, Eduardo Tejedo como el Hombre Lobo y Mauricio Castillo como Frankenstein.

Ahora, pese a que mi crítica hace lucir la cinta como apenas aceptable, tengo que reconocer que hay algo de magia encerrada en Hotel Transylvania. Quizá me recuerda a las películas que vi de pequeño, o pienso que me hubiera encantado verla cuando tenía ocho años. Es complicado para un adulto juzgar una comedia animada que está dedicada casi en su totalidad a los más, más pequeños, y es que, aunque sin carcajadas ni una historia convincente de por medio, no podía dejar de sonreir cada cinco minutos y los niños presentes me contagiaban la emoción con sus comentarios  acerca de todos los monstruos.

En conclusión para la crítica, Genddy Tartakovsky presenta una película cuyo principal ingrediente es una alocada comedia en función de la plétora de criaturas que reúne. La historia es simple y con el clásico mensaje familiar, la animación no luce tan vanguardista ni atractiva, e incluso varias bromas se sienten rebuscadas, pero aún así pasé una buena tarde viendo esta película.

Hotel Transylvania | Crítica

De todos los monstruos mi favorito fue Wayne

Hotel Transylvania está lejos de ser un producto perfecto, pero logra con creces su objetivo de hacerte reír y pasar agradablemente el rato. Si vas a ir con los hijos, nietos, sobrinos, vecinitos, hermanitos o la familia de la novia, esta sin duda es la mejor opción para el fin de semana en cines. Si vas sólo pero tienes ganas de una comedia disparatada sin mucho cerebro pero harto corazón, bueno, también es tu opción.

Periodista, cinéfilo, lector compulsivo de cómics, asesino de RPG, cazador de trofeos, amante de todo lo que tenga 32 bits o menos y consumado peleador callejero desde Street Fighter II. Cuando no estoy aquí, soy el jefe de la Redacción en Cambio de Michoacán.

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Cine y TV

Crítica de Neruda

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Crítica de Neruda.

Dice Pablo de Rokha en su libro Neruda y Yo: “Pablo Neruda no pretendió poner su nombre al servicio del Partido Comunista, pretendió poner el Partido Comunista al servicio de su nombre”, recordando el dentado ego protagónico del Nobel de Literatura, un modus operandi que ni siquiera su exilio mermó, cuando se compartió en el comunista más importante y buscado de Chile. Casi 70 años después el cineasta Pablo Larraín logra colocar el nombre del poeta al servicio de su última obra, una película sobre un policía que lo persigue hasta la Patagonia.

Neruda

Neruda, sin ser un biopic, retoma elementos de la huida del poeta de su país natal en 1948, cuando siendo senador es acusado de traidor al régimen del entonces presidente Gabriel González Videla; una historia donde Pablo parece nunca querer escapar y el gobierno jamás realmente aprehenderlo, pero que en el estira y afloja revela a su verdadero protagonista: Óscar Peluchonneau, un investigador encargado de dar con el congresista desaforado.

Interpretado por el mexicano Gael García Bernal, Óscar se convierte en el narrador de este relato que navega entre el western y el noir, en la voz en off que subraya lo obvio y lo no tan obvio, se transforma en la sombra de Neruda cuando éste sale a cuadro y cuando no lo está, dibujando, imaginando, armando castillos en el aire con la eventual captura del escritor, contrarrestando sus versos con una prosa tosca pero descriptiva a todo volumen que refleja no sólo los pensamientos del agente, sino el eterno instinto de competencia entre los dos, aún en lo literario.

Ambos se persiguen, se prueban, se topan sin darse cuenta o haciendo como como que no se toparon, juegan a seguirse encontrando incidentalmente, a retar sus habilidades para escaparse y seguirse la pista mientras cada uno cree poder escribir la conclusión de la novela policial que entretejen.

El (rebuscado) lenguaje Larraín

El director Pablo Larraín, por su parte, ideó su propio lenguaje audiovisual paralelo, buscó la forma de transformar los versos del chileno en imágenes que se reciten a sí mismas y maquilló los textos de Óscar para que compitan con la riqueza literaria de Pablo. El cineasta cambió para éste, su sexto largometraje, su manera de concebir ficciones: sus planos íntimos y cercanos, como en Post Mortem, no llegan a la cita en favor de un atractivo pero abrupto lenguaje fílmico a base de tomas abiertas y efectos especiales de antaño que evocan la lírica, la nostalgia y el arte.

Sin embargo, Larraín abusa de ello. Media función se va entre guiños y recursos que lucen reiterativos y rebuscados ante la obvia narración, porque pareciera en muchos momentos que para el director era necesario que la película se contara a sí misma en voz alta. A favor, la cinematografía pierde su efecto pero no su encanto gracias a las atinadas interpretaciones y el inquebrantable guion de Guillermo Calderón que le acompañan.

Luis Gnecco (“Cucaracha” en Narcos) es un Pablo Neruda creíble e increíble a la vez. El filme lo coloca como un recalcitrante militante comunista -al grado de no asearse por considerar la higiene un valor imperialista-, pero poco a poco vemos a la realidad detrás del mito, al poeta después de sus versos: un hedonista repleto de arranques e incoherencias, fino en el arte del debate socialista y amante de los placeres excesivos de la burguesía, de las prendas lujosas, de las bacanales y todo lo que el dinero pueda pagar. Gnecco destruye y reconstruye su personaje ofreciendo al público una rica variedad de facetas que apenas quizá asoman a describir la realidad del mismo.

Mercedes del Morán, también versátil y atinada en su papel de la pintora Delia del Carril, esposa abnegada, abnegadísima, de Pablo Neruda, capaz con la misma gracia de soportarle cualquier desplante que de aconsejarle sutilmente sobre su futuro y servir como la comparsa de sus caprichos extra maritales.

Finalmente Gael García, el invitado mexicano incómodo y viejo conocido de Larraín en No (2012), el personaje fuera de la realidad histórica que se inventa a sí mismo mientras avanza Neruda, secuestrando a mano armada el protagonismo del Nobel chileno. Óscar Peluchonneau es casi una metáfora de Pablo, con un pasado pobre y lleno de miseria que encuentra en un segundo tramo de su vida la oportunidad de reivindicarse y forjar su propio camino, de encontrar el éxito, encarnado para él en atrapar a Pablo Neruda, el comunista traidor.

Interesante historia no tan de Neruda

Y cuando Pablo tiene que huir, cuando de verdad tiene que hacerlo durante el tercer acto de la película, Neruda se redime a sí misma. La narrativa subrayada y la cinematografía poco ortodoxa de Larraín se revelan como ingredientes de esta cuasi ficción que sólo toman su justo lugar en las secuencias finales -en la nieve y muy bien logradas- y desvanecen un poco la pretenciosidad que por momentos desborda esta obra. Desgraciadamente para muchos que esperaban algo más apegado a la realidad histórica y pese a lo atractivo de su apuesta, Neruda es casi una película de Óscar Peluchonneau, de cómo este policía se transforma en la creación más interesante del poeta, aunque esto de verídico no tenga nada. Un filme sobre lo nerudiano del Chile de aquellas épocas más que de Pablo Neruda mismo.

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Cine y TV

Crítica de Escuadrón Suicida

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Póster de Escuadrón Suicida.

Para casi todos de quienes gustan del cine de superhéroes sólo existe una fórmula correcta de hacer películas del género. Cualquier producción que se aleja de este molde se enfrenta al rechazo y la comparación con lo que pudo haber hecho o ya hizo Marvel. Escuadrón Suicida no se escapa de esas muchas veces odiosas comparaciones, y aunque dista mucho de ser un fino largometraje, tiene varios puntos a su favor que lo convierten en un entretenido estreno.

Inspirada en el cómic homónimo de DC y bajo la dirección y guión de David Ayer (Día de Entrenamiento, 2001), Escuadrón Suicida, contrario a lo mostrado en Batman vs Superman: El Origen de la Justicia, se toma más libertades narrativas, pero dado lo desconocido que este equipo es para la mayoría del público, incluyendo los lectores frecuentes de historietas, nunca se convierte en tema álgido de debate.

Escuadrón Suicida

Las diferencias entre el filme y el material original se establecieron para apelar a una audiencia más amplia, pasteurizar la crudeza de varios de los integrantes del equipo y generar un imán de taquilla con algo que se ubique fácilmente, en este caso la figura del Joker.

Con estos cambios en mente y al menos un par de revisiones sobre la versión filmada en primera instancia, Escuadrón Suicida es la entrega del Universo Extendido de DC con más sabor a Marvel: acción con varios tintes de comedia y una trama sencilla que centra su posible éxito en el clic que los protagonistas logren hacer con el espectador.

Amanda Waller, una oficial de seguridad al servicio de la Casa Blanca, idea un grupo de choque integrado por poderosos villanos convictos. Su idea es que éste sirva en caso de que “el siguiente Superman no resulte ser tan amable”.

Su  primera misión es infiltrarse en una ciudad presa de un misterioso “ataque terrorista” y rescatar a una persona muy importante para el gobierno americano. El argumento es una línea recta con un par de desviaciones ligeramente sorpresivas hacia el segundo acto, pero a pesar de que peca de simple -y a veces algo ingenua- encaja muy bien en la dinámica de que son los personajes y no la trama quienes dirigen la función.

El equipo de antihéroes

Deadshot, un asesino a sueldo que jamás falla un disparo. Mientras su versión de cómic es bastante cruel y despiadada, Will Smith da vida a un mercenario más humano y carismático, sabedor de sus “pecados” y buscando de cierta forma redimirlos. Su motor para embarcarse en la misión es su hija, con quien perdió comunicación tras ser encerrado.

Margot Robbie es Harley Quinn, quizá el segundo gancho comercial más importante en Escuadrón Suicida. Una siquiatra que se enamora de un antiguo paciente, Joker, con quien mantiene una enfermiza relación de amor y sumisión para luego ser enemiga recurrente de Batman. Con espectaculares habilidades de gimnasia y combate, no tiene mucho sentido de cualquier forma que manden a la guerra a una arlequín con bat; fuera de eso, su personaje se adueña rápidamente de la pantalla con sus bromas y retorcida lógica.

El Diablo (Jay Hernández) es seguramente la sorpresa en el casting. Se trata de un chicano con habilidades piroquinéticas impresionantes, pero un pasado tan oscuro que prefiere mantenerlas a raya. Para el público mexicano se convertirá en la estrella del equipo, no sólo por su nacionalidad, sino por lo bien trabajado de su personaje.

Killer Croc es el otro “tumbado” del Escuadrón. Adewale Akinnuoye-Agbaje se pone en la piel de un “cholodrilo” con algunas líneas de diálogo bien pensadas, mas en general dejando mucho que desear si lo comparas con su contraparte de los tebeos. Un hombre lagarto tan chaparro no impone tanto ni en las cloacas.

Jai Courtney, en el rol del Capitán Búmeran, un ladrón sin honor y borracho empedernido que tampoco muestra ninguna habilidad especial como para ser tomado en cuenta en una misión clasificada, sin embargo, el también ex modelo australiano logra una actuación convincente con un personaje tan odioso y poco confiable como divertido. La comparsa de Harley Quinn: mientras ella simplemente está loca de atar, Capitán Búmeran es el tipo vivillo que quiere sacar ventaja de cualquier situación, casi siempre con resultados involuntariamente graciosos pero sin inundar la película de chiste tras chiste.

El cuadrado coronel Rick Flag (Joel Kinnaman), la inentendible samurái Katana (Karen Fukuhara), la sensual bruja de miles de años de antigüedad Enchantress (Cara Delevigne) y el prescindible Slikpnot (Adam Beach) completan el Escuadrón Suicida. Mención especial a la interpretación de Amanda Waller por Viola Davis, que le da al clavo en presentar a una mujer sin el más mínimo remordimiento cuando se aplica lo de que “el fin justifica los medios”.

El Joker de Jared Leto

Obviamente, el banquete especial, aunque no necesariamente tan estelar, es Jared Leto encarnando la versión de Joker del Universo Extendido de DC. ¿Lo hizo bien? ¿Logra superar o de menos acercarse a la mítica versión de Heath Ledger? La respuesta corta es no.

Sin adentrarnos en juicios más subjetivos sobre la adaptación, la realidad es que Joker sobra en Escuadrón Suicida. Cierto, el villano de cabellera verde y cuerpo tatuado es parte vital del origen de Harley Quinn, pero su rol es intrascendente para efectos de contar la historia y se siente como un lastre narrativo cada que aparece.

La interpretación de Leto nos deja un par de citas para recordar y una glamorosa escena en Ace Chemicals magistralmente calcada de los cómics… pero nada más. Este Joker es únicamente un imán de taquilla, un cartucho gastado de manera prematura en el afán de DC Comics de colgarle hasta el molcajete a sus largometrajes para alcanzar la línea de tiempo y catálogo de héroes y villanos que a Marvel le han costado ocho años.

Atinadamente, son Deadshot, El Diablo, Capitán Búmeran y Harley Quinn a quienes más se disfruta y los principales ingredientes de esta platillo sobrecocinado que resultó ser Escuadrón Suicida. A ello le sumamos varias escenas de acción bien logradas, efectos especiales creíbles, una sexy cinematografía estilo video musical, interesantes cameos para los fans de las historietas y una aceitada química entre los integrantes del equipo.

¿Por qué sobrecocinado? El montaje mostrado en cines es al menos el tercero de una fila de ediciones sugeridas por David Ayer por la Warner Bros. y por un panel de prueba que sugirió rebajar el tono anárquico de la cinta en pos de algo más familiar.

El corte final es aceptable y sí apela favorablemente más al público en general pero se notan a leguas los cambios: varias de las escenas del Joker presumidas en los avances no llegaron al estreno (algo bueno, en realidad), los protagonistas son muy afables para ser la crema y nata de las felonías y la banda sonora, aunque buenísima como lista de temas musicales, suena sobrepuesta y sin mucho sentido en algunas secuencias.

Escuadrón Suicida, la suma de todas sus bestias

En conclusión, Escuadrón Suicida es la suma de todas sus bestias: la simpatía de Harley, la desazón del Joker, la simpleza de Rick Flag, el tino de Deadshot, la peculiaridad de Croc, la sensualidad de Enchantress, lo vil de Amanda, la comedia involuntaria del Capitán Búmeran y lo sorpresivo de El Diablo. Una película que deja sensaciones encontradas, pero que pese a ello entretiene y sazona con algo de originalidad un cada vez más gastado género.

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Cine y TV

Crítica de Capitán América: Civil War

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Cartel de Capitán América: Civil War.

Capitán América: Civil War ya está en cartelera y con su estreno regresa todo el hype de Marvel con la que quizá sea la película más esperada del estudio desde Los Vengadores. Como si no bastara la expectativa por adaptar una de las sagas de cómics más populares a la pantalla grande, la cereza del pastel es el regreso de Spider-Man a los filmes de “La Casa de las Ideas” y su confirmación como parte del equipo de Iron Man.

Capitán América: Civil War aborda a un nuevo equipo de Avengers: Visión, Bruja Escarlata, Falcon y Viuda Negra conforman este grupo junto al Capitán América como líder y, un tanto más alejado del campo de batalla Iron Man siendo una suerte de publirrelacionista.

Capitán América: Civil War

Sin embargo, el statu quo del equipo es amenazado cuando, tras una accidentada misión en la que pierden la vida varias personas en Nigeria, los Avengers son encarados por el secretario de Defensa estadounidense, Thadeuss Ross, para que se sometan a la jurisprudencia del país y de Naciones Unidas. Como prácticamente ya todo mundo sabe, Tony Stark está de acuerdo en que deben ser supervisados por alguien, mientras que Steve Rogers considera un riesgo estar a las órdenes de un organismo superior.

Es obvio entender el sentimiento de culpa del hombre bajo la armadura de Iron Man por los eventos tras la creación de Ultrón, pero por otra parte todos los argumentos del ex coronel Ross rayan en lo absurdo y desafían la continuidad misma del Universo Cinematográfico de Marvel. Es como si los directores, Anthoy y Joe Russo, pensaran que el público es tonto y no se daría cuenta de tremendos huecos en la trama.

¿Retcon en cine?

El argumento central de Capitán América: Civil War es que Steve Rogers rechaza alinearse a la jurisprudencia del gobierno americano y de Naciones Unidas, algo que resulta incomprensible, pues la Iniciativa Avengers es un programa de defensa orquestado por SHIELD, la agencia de espionaje y antiterrorismo estelar de Estados Unidos y la ONU. Vaya, desde su concepción misma el Capitán América es  un agente de su gobierno y cuando regresa a la acción en la era moderna queda más claro que nunca. Es tan claro que un oficial del Ejército, James Rhodes, es parte de los Avengers con la armadura de War Machine.

Además de eso, también se culpa al equipo de la destrucción en Nueva York, en Los Vengadores, siendo que los superiores de SHIELD lanzaron una bomba nuclear en la ciudad como solución. También se les achaca la caída de los Helicarrier en Washington, cuando el problema fue que estas aeronaves habían sido controladas por Hydra después de filtrarse en los rangos de SHIELD y del mismo gobierno estadounidense.

Pero a los hermanos Russo les importó un pepino los eventos anteriores a Capitán América: Civil War. Fiel a la usanza de los cómics, aplicaron una especie retcon (resetear la continuidad) cual si fuera un recurso válido para justificar una trama que desde el principio se notaba sin botas ni casco: Capitán América se hacía como si nunca había estado bajo las órdenes del gobierno, el gobierno le echaba la culpa de sus decisiones a los Avengers y el espectador hacía como que no había visto las últimas películas del estudio.

Bucky, Zemo y el ensamble de personajes

Para echarle gasolina a la combustión, Capitán América: Civil War añade a Soldado del Invierno y Helmut Zemo. El primero se convierte en la manzana de la discordia entre Rogers y Stark, -uno lo quiere a su lado, el otro lo quiere preso-, en tanto que el segundo funciona a manera de un cuasi titiritero antagonista (porque villano, lo que se dice villano, nunca a llega a ser) con demasiada suerte, intentando mover los hilos del conflicto para avivarlo, aunque la mayoría de ocasiones éste se prende solito por decisiones irracionales de los personajes o por pura y mera coincidencia: todo le sale a aunque no tenga mucho sentido.

El acercamiento a Zemo es muy disímil al de los cómics, y ofrece un personaje bastante más humano, aunque al mismo tiempo más flojo como antagonista de peso. No faltará quien nuevamente acuse a Marvel de no tener un roster a la altura en cuanto a malosos se refiere o de no saber aprovecharlo; en todo caso Marvel luce últimamente tan falto de villanos bien estructurados que es más divertido ver darse de trompadas a sus superhéroes.

Crossbones, en una imagen de la película Capitán América: Civil War.

Ah sí, también sale Crossbones, pero su aparición es meramente anecdótica.

No obstante la trompicada y en muchos momentos ilógica trama, el largometraje mantiene la clásica fórmula Marvel: acción, chick flick, efectos especiales y comedia, mucha comedia. El ritmo narrativo es vertical y sin parones, con una secuencia de acción sucediendo en pocos minutos a la anterior. Eso sí, cuando los protagonistas comienzan a contar trillones de chistes durante la que se supone es la batalla estelar (la del aeropuerto), es fácil anticipar que es una pelea de mentiritas donde no pasa nada y nadie se lastima. Además nadie puede morir, porque Disney tiene muchos muñecos que vender.

Mientras el primer acto es un absurdo narrativo, el segundo, aún con su combate de chocolate, es bastante divertido; la inclusión de Pantera Negra, Hawkeye, Spider-Man y Ant-Man, le dan uno de los pocos elementos sorpresivos a la experiencia, con estos dos últimos personajes robándose la función por encima de los superhéroes estelares en turno y logrando un interesante ensamble de poderes y habilidades. Pero cuando Capitán América: Civil War debía mejorar y cerrar con broche de vibranium, en el tercer acto, nos ofrece una conclusión estéril y sin mayores repercusiones.

Ni tan guerra civil

El final del filme nos deja ante la sensación de que poco o nada cambió realmente al interior del equipo. Tan es así que Marvel prepara un largo descanso para esta alineación de los Vengadores y explorará caras nuevas en sus próximos estrenos como Black Panther, Capitana Marvel, Doctor Strange y el nuevo Spider-Man, del cual se ve tan poco que es difícil juzgar qué tan buena o mala es esta versión comparada con las anterior.

Al contrario de los cómics, esta Civil War no deja mayores consecuencias ni en el grupo ni en sus integrantes, no hay escombros sobre los cuales escarbar y la construcción de la historia es muy forzada, con eventos que tienen poca o ninguna relación con el plan “maestro” que se fragua tras el conflicto y más bien diseñada para que se luzcan los protagonistas, aunque no tenga mucha lógica.

No importando todo este cúmulo de puntos en contra, tengo que reconocer que al menos en lo general me pasé un buen rato con Capitán América: Civil War. Es un festín en cuanto a acción, un espectáculo en toda la extensión de la palabra con algunos momentos de comedia inteligente, aunque con muy poca carnita. La historia es tan pero tan simple, que prácticamente es imposible emitir spoilers. ¿Qué evento sucede en la película realmente importante como para contarlo y se la eches a perder a alguien? Ninguno.

Palomera y nada más

Pese a su decepcionante contexto del conflicto, Capitán América: Civil War es el clásico blockbuster palomero de verano que por sus bien coreografiadas batallas y el ensamble de superhéroes vale la pena ver al menos una vez, aunque Ant-Man, Iron Man, Los Vengadores y, sobre todo, El Soldado del Invierno son mucho mejores exponentes del buen cine que puede hacer Marvel con narrativas mejor logradas y apegándose a su propia continuidad.

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