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Críticas, análisis y reseñas

Reseña de The Vanishing of Ethan Carter

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The Vanishing of Ethan Carter

La cambiante industria de los videojuegos ha orillado poco a poco a los desarrolladores al mundo de los experimentos, a producciones más artísticas que jugables y a propuestas diferentes. The Vanishing of Ethan Carter es el mejor ejemplo de lo anterior, se trata de un título que mezcla perfectamente la literatura con mecánicas de gameplay adecuadas, es como jugar en un mundo de H. P. Lovecraft lleno de misterio, pero que a la vez nos engancha en la narrativa dejándonos con ganas de saber más y más.

The Vanishing of Ethan Carter

Juegos como Gone Home y Dear Esther intentaron hacer producciones diferentes antes que The Vanishing of Ethan Carter, simuladores de exploración que esconden cierto misterio detrás de ellos, pero que finalmente no se explica qué está pasando y por qué estamos ahí; a juegos de suspenso como estos les faltaba algo, una parte fundamental que llame la atención de más usuarios, que no se sienta escaso en contenido o, por lo menos, que la historia enganche de lleno a todo tipo de público. La obra del estudio The Astronauts se arriesga con eso y propone, acertadamente, a la narrativa literaria como la base de la experiencia y como principal anzuelo para que el jugador siga ahí.

Los videojuegos con aventuras misteriosas, de carácter investigativo y con aires literarios no son nuevos como tal, pero dado el declive de las aventuras gráficas en la industria durante los últimos años, el género se había olvidado un poco y ahora se dirige a un nicho de usuarios muy específicos. The Vanishing of Ethan Carter no es para todos, pude ser muy recomendable por algunos, sin embargo a algunos otros les puede parecer lo más aburrido que existe, es por eso que The Austronauts sabe muy bien su mercado meta y su único objetivo con la producción es complacer a dichos usuarios sin intentos desesperados para llegar a más gente.

La ausencia de un enemigo como tal, la acción inexistente, la nula posibilidad de morir y el constante sentimiento de no saber lo qué pasa son los elementos principales, por lo cual las personas que gustan de la acción, la progresión y la muerte sin sentido encontrarán en el videojuego una experiencia muy aburrida que no vale la pena.

Por otro lado, el título va dirigido a personas que les gustan los thrillers, la investigación detectivesca, la exploración y la literatura, principalmente los cuentos de Lovecraft; encontrarán más que un juego una experiencia interactiva a nivel  de las obras del escritor antes mencionado, lástima que puede terminar muy rápido, muy disfrutable, pero tan breve como un buen cuento corto. Crear una atmósfera que se sienta llena de misterios interesantes no es tarea fácil en el mundo de la literatura, ahora imaginemos trasladarlo a un videojuego, que además se sienta vivo y con visuales iguales a los que se imaginó el escritor al redactar el guion, sí, The Vanishing of Ethan Carter pudo ser un gran reto para sus desarrolladores, aunque supieron hacerlo y lo realizaron muy bien

¿Quién es Ethan Carter y por qué desapareció?

Nuestro personaje es un detective con muchos años de experiencia en investigación criminal, así lo afirma mientras se pregunta algunas cosas sobre Ethan, personaje del cual no se explica nada y tendremos que averiguarlo gracias a nuestra libreta de apuntes, que no existe como tal en el juego, pero que si no la hacemos perderemos el hilo. La única pista al principio es la que nos proporciona el mismo nombre, entramos en un túnel oscuro y caminamos hacia la luz para posteriormente encontrarnos en un bosque que se siente extraño. Nuestra aventura comienza en un panorama espectacularmente bien diseñado, desolador y lleno de silencio, no existe un mejor inicio para una entrega del género, al menos no una que haya probado antes.

La familia de  Ethan carter se vuelve contra él por razones muy misteriosas y oscuras.

La familia de Ethan carter se vuelve contra él por razones muy misteriosas y oscuras.

La misteriosa desaparición de Ethan Carter es nuestra investigación de base, pero no se dejen llevar por eso, existen muchos otros misterios opcionales relacionados con la historia y hacen que se entienda mucho mejor; el objetivo principal está relatado a un ritmo perfecto sin importar que misterios se resuelvan primero. Armar el rompecabezas de información obtenida se siente muy bien y sorprende cada vez que te enteras de algo nuevo, y si además usas una lista de notas en la que escribas lo más importante de cada gran pista obtenida el sentimiento será tan gratificante como ser un detective real. Los misterios a solucionar en The Vanishing of Ethan Carter cuentan con mecánicas jugables distintas entre sí, haciéndolo entretenido y diferente entre cada nueva sección; además los escenarios están entrelazados a la historia directamente, tratándose del pequeño pueblo en el cual la familia Carter vivió alguna vez.

Ethan Carter es un amante de la lectura y de la escritura de cuentos cortos, los cuales hablan de sucesos sobrenaturales que se mezclan con las leyendas del pueblo. Un día Ethan encuentra una habitación escondida en su casa y el problema comienza cuando, por alguna extraña razón que aún no he podido descifrar, un ente llamado “El durmiente” se apodera de la familia del pequeño Carther y los convierte en seres con miedo a lo que pueda suceder, por lo cual deciden terminar con la vida de Ethan debido a que piensan que él fue quién lo invocó. Nuestra tarea, como es obvio, es investigar el motivo de la decisión y los hechos en los que se desencadenó el problema familiar, lo siento, no hay spoilers porque es una experiencia que es diferente cada vez que la juegas.

Es claro que la principal apuesta del juego es la narrativa al estilo literario, que nos recuerda mucho a cuentos de Lovecraft dado su ambiente y misticismo que rodea a la familia Carter, además de que es altamente recomendado terminar el título debido a que el final es sorprendente y aclara muchas dudas creadas durante el desarrollo de la aventura, una lástima que dure tan poco.

La jugabilidad no siempre es lo más importante

The Vanishing of Ethan Carter es un juego en primera persona en el cual sólo podemos caminar o correr, interactuar con ciertos objetos y ver pistas en el escenario. No es posible saltar, ni golpear, elemento que puede sonar como tedioso a primera instancia, pero se justifica ya que no pudo ser de otro modo. Los movimientos son limitados aunque existe una total libertad de exploración del mapa, asimismo, la inexistencia de muchos movimientos se complementa con mecánicas de investigación bien logradas y originales, que van desde las clásicas pistas en papel, interacción sobrenatural con objetos y hasta algunos hechizos tenebrosos.

La resolución de misterios se da por secuencias distorsionadas en el tiempo a las que debemos darles una cronología lógica para ser ordenadas correctamente, siempre y cuando completemos todas las pistas para poder armar la escena, lo cual hace a The Vanishing of Ethan Carter más largo y con muchas dificultades de completar los misterios opcionales si no se pone atención al más mínimo detalle o no se usa la lógica de una manera acertada. No es muy intuitivo, pero tampoco es imposible darse cuenta de lo que hace falta para resolver un misterio siguiendo la pista indicada.

No hay mucho que decir de este apartado más allá de que cumple de manera correcta al presentarnos, más que nada, una experiencia interactiva con total libertad de exploración, como ya lo dije es un juego para los amantes de la buena literatura, controles simples y resolución de emocionantes misterios con tintes oscuros.

The Vanishing of Ethan Carter

Todo el ambiente está tan bien logrado que transmite los sentimientos que pretende.

Increíble atmósfera de juego gracias a la música

Si bien la jugabilidad no es el fuerte, sino un fin para justificar el medio, la narrativa no pudo ser tan buena sin la buena música y el sonido ambiental con el que se cuenta. Las composiciones sonoras de The Vanishing of Ethan Carter refuerzan a tal grado la atmósfera creada por el guion que en ciertos momentos nos veremos hipnotizados por la música que suena de fondo a niveles poco perceptibles, que nos llevaran a un estado en el cual nos veremos inmersos en el escenario.

Es altamente recomendable que se juegue con buenos audífonos y las luces apagadas, de esa forma se experimenta la verdadera sensación de suspenso, sólo así se disfruta de la experiencia que The Astronauts quiere transmitir, y sigo afirmando que los verdaderos fans de H. P. Lovecraft se sentirán como en un cuento del famoso literato.

Otra de las cosas destacables de la musicalización es el hecho de que cada encrucijada a resolver cuenta con sus propias pistas de audio que la diferencian de otras y se escuchan acorde a lo que se está viendo, puede transmitirnos miedo por momentos y alegría durante otros.

The Vanishing of Ethan Carter

Uno de los mejores juegos de nueva generación que he visto en el apartado visual, postales que te dejan sin aliento.

Gráficamente maravilloso

El apartado gráfico no es la gran prioridad para mí a la hora de disfrutar de algún videojuego y menos de corte independiente, sin embargo sé reconocer cuando el apartado artístico de un título se hace y se ve muy bien. The Vanishing of Ethan Carter cuenta con un diseño de niveles increíble, acompañado de un apartado gráfico de verdadera nueva generación.

Tanto el bosque lleno de vegetación, hasta la inmensa presa o las extensas minas que visitamos se ven altamente detallados en alta definición escalable hasta 4K, en 1080p se ve impresionante y a 60 cuadros por segundo si cuentan con una buena tarjeta gráfica; en PlayStation 4 también estará disponible (en algún momento de este año) en alta definición, pero sacrificando algunas luces dinámicas y texturas detalladas.

Todo lo anterior parece hecho con la delicadeza y precisión de entregar un producto sólido con un fin muy especifico por parte del estudio polaco: crear un ambiente que se sintiera meramente interesante, curioso y vivo para el jugador, verdadera naturaleza en la vegetación, verdadero electricidad en el viento.

Ambicioso, aunque un tanto corto en su principal apuesta

The Vanishig of Ethan Carter es un videojuego que se arriesga a proponer una buena narrativa audiovisual por arriba de la jugabilidad, la cual es recomendable para los jugadores que disfrutan de experiencias interactivas, sin tanta acción ni botonazos, sino que gusten de investigar, la exploración y lo contemplativo que se vuelve la producción.

Es una lástima que los elementos más representativos se extrañen al terminar el juego dada su corta duración de cuatro horas a lo mucho; el replay value está ahí, pero sólo para los que deseen obtener todos los logros al resolver los misterios opcionales en su totalidad, aunque no llama mucho la atención ya que se trata de un título disfrutable únicamente la primera vez. Aunque quizá den ganas de volverlo a probar pero después de tiempo de haberlo terminado, como todo buen libro.

Comunicólogo, periodista especializado. Entusiasta de los videojuegos, películas, comics, series, literatura y Disney en todos sus formatos. Los juegos de video, más que mi hobby, son mi vida.

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Cine y TV

Crítica de Neruda

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Crítica de Neruda.

Dice Pablo de Rokha en su libro Neruda y Yo: “Pablo Neruda no pretendió poner su nombre al servicio del Partido Comunista, pretendió poner el Partido Comunista al servicio de su nombre”, recordando el dentado ego protagónico del Nobel de Literatura, un modus operandi que ni siquiera su exilio mermó, cuando se compartió en el comunista más importante y buscado de Chile. Casi 70 años después el cineasta Pablo Larraín logra colocar el nombre del poeta al servicio de su última obra, una película sobre un policía que lo persigue hasta la Patagonia.

Neruda

Neruda, sin ser un biopic, retoma elementos de la huida del poeta de su país natal en 1948, cuando siendo senador es acusado de traidor al régimen del entonces presidente Gabriel González Videla; una historia donde Pablo parece nunca querer escapar y el gobierno jamás realmente aprehenderlo, pero que en el estira y afloja revela a su verdadero protagonista: Óscar Peluchonneau, un investigador encargado de dar con el congresista desaforado.

Interpretado por el mexicano Gael García Bernal, Óscar se convierte en el narrador de este relato que navega entre el western y el noir, en la voz en off que subraya lo obvio y lo no tan obvio, se transforma en la sombra de Neruda cuando éste sale a cuadro y cuando no lo está, dibujando, imaginando, armando castillos en el aire con la eventual captura del escritor, contrarrestando sus versos con una prosa tosca pero descriptiva a todo volumen que refleja no sólo los pensamientos del agente, sino el eterno instinto de competencia entre los dos, aún en lo literario.

Ambos se persiguen, se prueban, se topan sin darse cuenta o haciendo como como que no se toparon, juegan a seguirse encontrando incidentalmente, a retar sus habilidades para escaparse y seguirse la pista mientras cada uno cree poder escribir la conclusión de la novela policial que entretejen.

El (rebuscado) lenguaje Larraín

El director Pablo Larraín, por su parte, ideó su propio lenguaje audiovisual paralelo, buscó la forma de transformar los versos del chileno en imágenes que se reciten a sí mismas y maquilló los textos de Óscar para que compitan con la riqueza literaria de Pablo. El cineasta cambió para éste, su sexto largometraje, su manera de concebir ficciones: sus planos íntimos y cercanos, como en Post Mortem, no llegan a la cita en favor de un atractivo pero abrupto lenguaje fílmico a base de tomas abiertas y efectos especiales de antaño que evocan la lírica, la nostalgia y el arte.

Sin embargo, Larraín abusa de ello. Media función se va entre guiños y recursos que lucen reiterativos y rebuscados ante la obvia narración, porque pareciera en muchos momentos que para el director era necesario que la película se contara a sí misma en voz alta. A favor, la cinematografía pierde su efecto pero no su encanto gracias a las atinadas interpretaciones y el inquebrantable guion de Guillermo Calderón que le acompañan.

Luis Gnecco (“Cucaracha” en Narcos) es un Pablo Neruda creíble e increíble a la vez. El filme lo coloca como un recalcitrante militante comunista -al grado de no asearse por considerar la higiene un valor imperialista-, pero poco a poco vemos a la realidad detrás del mito, al poeta después de sus versos: un hedonista repleto de arranques e incoherencias, fino en el arte del debate socialista y amante de los placeres excesivos de la burguesía, de las prendas lujosas, de las bacanales y todo lo que el dinero pueda pagar. Gnecco destruye y reconstruye su personaje ofreciendo al público una rica variedad de facetas que apenas quizá asoman a describir la realidad del mismo.

Mercedes del Morán, también versátil y atinada en su papel de la pintora Delia del Carril, esposa abnegada, abnegadísima, de Pablo Neruda, capaz con la misma gracia de soportarle cualquier desplante que de aconsejarle sutilmente sobre su futuro y servir como la comparsa de sus caprichos extra maritales.

Finalmente Gael García, el invitado mexicano incómodo y viejo conocido de Larraín en No (2012), el personaje fuera de la realidad histórica que se inventa a sí mismo mientras avanza Neruda, secuestrando a mano armada el protagonismo del Nobel chileno. Óscar Peluchonneau es casi una metáfora de Pablo, con un pasado pobre y lleno de miseria que encuentra en un segundo tramo de su vida la oportunidad de reivindicarse y forjar su propio camino, de encontrar el éxito, encarnado para él en atrapar a Pablo Neruda, el comunista traidor.

Interesante historia no tan de Neruda

Y cuando Pablo tiene que huir, cuando de verdad tiene que hacerlo durante el tercer acto de la película, Neruda se redime a sí misma. La narrativa subrayada y la cinematografía poco ortodoxa de Larraín se revelan como ingredientes de esta cuasi ficción que sólo toman su justo lugar en las secuencias finales -en la nieve y muy bien logradas- y desvanecen un poco la pretenciosidad que por momentos desborda esta obra. Desgraciadamente para muchos que esperaban algo más apegado a la realidad histórica y pese a lo atractivo de su apuesta, Neruda es casi una película de Óscar Peluchonneau, de cómo este policía se transforma en la creación más interesante del poeta, aunque esto de verídico no tenga nada. Un filme sobre lo nerudiano del Chile de aquellas épocas más que de Pablo Neruda mismo.

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Cine y TV

Crítica de Escuadrón Suicida

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Póster de Escuadrón Suicida.

Para casi todos de quienes gustan del cine de superhéroes sólo existe una fórmula correcta de hacer películas del género. Cualquier producción que se aleja de este molde se enfrenta al rechazo y la comparación con lo que pudo haber hecho o ya hizo Marvel. Escuadrón Suicida no se escapa de esas muchas veces odiosas comparaciones, y aunque dista mucho de ser un fino largometraje, tiene varios puntos a su favor que lo convierten en un entretenido estreno.

Inspirada en el cómic homónimo de DC y bajo la dirección y guión de David Ayer (Día de Entrenamiento, 2001), Escuadrón Suicida, contrario a lo mostrado en Batman vs Superman: El Origen de la Justicia, se toma más libertades narrativas, pero dado lo desconocido que este equipo es para la mayoría del público, incluyendo los lectores frecuentes de historietas, nunca se convierte en tema álgido de debate.

Escuadrón Suicida

Las diferencias entre el filme y el material original se establecieron para apelar a una audiencia más amplia, pasteurizar la crudeza de varios de los integrantes del equipo y generar un imán de taquilla con algo que se ubique fácilmente, en este caso la figura del Joker.

Con estos cambios en mente y al menos un par de revisiones sobre la versión filmada en primera instancia, Escuadrón Suicida es la entrega del Universo Extendido de DC con más sabor a Marvel: acción con varios tintes de comedia y una trama sencilla que centra su posible éxito en el clic que los protagonistas logren hacer con el espectador.

Amanda Waller, una oficial de seguridad al servicio de la Casa Blanca, idea un grupo de choque integrado por poderosos villanos convictos. Su idea es que éste sirva en caso de que “el siguiente Superman no resulte ser tan amable”.

Su  primera misión es infiltrarse en una ciudad presa de un misterioso “ataque terrorista” y rescatar a una persona muy importante para el gobierno americano. El argumento es una línea recta con un par de desviaciones ligeramente sorpresivas hacia el segundo acto, pero a pesar de que peca de simple -y a veces algo ingenua- encaja muy bien en la dinámica de que son los personajes y no la trama quienes dirigen la función.

El equipo de antihéroes

Deadshot, un asesino a sueldo que jamás falla un disparo. Mientras su versión de cómic es bastante cruel y despiadada, Will Smith da vida a un mercenario más humano y carismático, sabedor de sus “pecados” y buscando de cierta forma redimirlos. Su motor para embarcarse en la misión es su hija, con quien perdió comunicación tras ser encerrado.

Margot Robbie es Harley Quinn, quizá el segundo gancho comercial más importante en Escuadrón Suicida. Una siquiatra que se enamora de un antiguo paciente, Joker, con quien mantiene una enfermiza relación de amor y sumisión para luego ser enemiga recurrente de Batman. Con espectaculares habilidades de gimnasia y combate, no tiene mucho sentido de cualquier forma que manden a la guerra a una arlequín con bat; fuera de eso, su personaje se adueña rápidamente de la pantalla con sus bromas y retorcida lógica.

El Diablo (Jay Hernández) es seguramente la sorpresa en el casting. Se trata de un chicano con habilidades piroquinéticas impresionantes, pero un pasado tan oscuro que prefiere mantenerlas a raya. Para el público mexicano se convertirá en la estrella del equipo, no sólo por su nacionalidad, sino por lo bien trabajado de su personaje.

Killer Croc es el otro “tumbado” del Escuadrón. Adewale Akinnuoye-Agbaje se pone en la piel de un “cholodrilo” con algunas líneas de diálogo bien pensadas, mas en general dejando mucho que desear si lo comparas con su contraparte de los tebeos. Un hombre lagarto tan chaparro no impone tanto ni en las cloacas.

Jai Courtney, en el rol del Capitán Búmeran, un ladrón sin honor y borracho empedernido que tampoco muestra ninguna habilidad especial como para ser tomado en cuenta en una misión clasificada, sin embargo, el también ex modelo australiano logra una actuación convincente con un personaje tan odioso y poco confiable como divertido. La comparsa de Harley Quinn: mientras ella simplemente está loca de atar, Capitán Búmeran es el tipo vivillo que quiere sacar ventaja de cualquier situación, casi siempre con resultados involuntariamente graciosos pero sin inundar la película de chiste tras chiste.

El cuadrado coronel Rick Flag (Joel Kinnaman), la inentendible samurái Katana (Karen Fukuhara), la sensual bruja de miles de años de antigüedad Enchantress (Cara Delevigne) y el prescindible Slikpnot (Adam Beach) completan el Escuadrón Suicida. Mención especial a la interpretación de Amanda Waller por Viola Davis, que le da al clavo en presentar a una mujer sin el más mínimo remordimiento cuando se aplica lo de que “el fin justifica los medios”.

El Joker de Jared Leto

Obviamente, el banquete especial, aunque no necesariamente tan estelar, es Jared Leto encarnando la versión de Joker del Universo Extendido de DC. ¿Lo hizo bien? ¿Logra superar o de menos acercarse a la mítica versión de Heath Ledger? La respuesta corta es no.

Sin adentrarnos en juicios más subjetivos sobre la adaptación, la realidad es que Joker sobra en Escuadrón Suicida. Cierto, el villano de cabellera verde y cuerpo tatuado es parte vital del origen de Harley Quinn, pero su rol es intrascendente para efectos de contar la historia y se siente como un lastre narrativo cada que aparece.

La interpretación de Leto nos deja un par de citas para recordar y una glamorosa escena en Ace Chemicals magistralmente calcada de los cómics… pero nada más. Este Joker es únicamente un imán de taquilla, un cartucho gastado de manera prematura en el afán de DC Comics de colgarle hasta el molcajete a sus largometrajes para alcanzar la línea de tiempo y catálogo de héroes y villanos que a Marvel le han costado ocho años.

Atinadamente, son Deadshot, El Diablo, Capitán Búmeran y Harley Quinn a quienes más se disfruta y los principales ingredientes de esta platillo sobrecocinado que resultó ser Escuadrón Suicida. A ello le sumamos varias escenas de acción bien logradas, efectos especiales creíbles, una sexy cinematografía estilo video musical, interesantes cameos para los fans de las historietas y una aceitada química entre los integrantes del equipo.

¿Por qué sobrecocinado? El montaje mostrado en cines es al menos el tercero de una fila de ediciones sugeridas por David Ayer por la Warner Bros. y por un panel de prueba que sugirió rebajar el tono anárquico de la cinta en pos de algo más familiar.

El corte final es aceptable y sí apela favorablemente más al público en general pero se notan a leguas los cambios: varias de las escenas del Joker presumidas en los avances no llegaron al estreno (algo bueno, en realidad), los protagonistas son muy afables para ser la crema y nata de las felonías y la banda sonora, aunque buenísima como lista de temas musicales, suena sobrepuesta y sin mucho sentido en algunas secuencias.

Escuadrón Suicida, la suma de todas sus bestias

En conclusión, Escuadrón Suicida es la suma de todas sus bestias: la simpatía de Harley, la desazón del Joker, la simpleza de Rick Flag, el tino de Deadshot, la peculiaridad de Croc, la sensualidad de Enchantress, lo vil de Amanda, la comedia involuntaria del Capitán Búmeran y lo sorpresivo de El Diablo. Una película que deja sensaciones encontradas, pero que pese a ello entretiene y sazona con algo de originalidad un cada vez más gastado género.

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Cine y TV

Crítica de Capitán América: Civil War

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Cartel de Capitán América: Civil War.

Capitán América: Civil War ya está en cartelera y con su estreno regresa todo el hype de Marvel con la que quizá sea la película más esperada del estudio desde Los Vengadores. Como si no bastara la expectativa por adaptar una de las sagas de cómics más populares a la pantalla grande, la cereza del pastel es el regreso de Spider-Man a los filmes de “La Casa de las Ideas” y su confirmación como parte del equipo de Iron Man.

Capitán América: Civil War aborda a un nuevo equipo de Avengers: Visión, Bruja Escarlata, Falcon y Viuda Negra conforman este grupo junto al Capitán América como líder y, un tanto más alejado del campo de batalla Iron Man siendo una suerte de publirrelacionista.

Capitán América: Civil War

Sin embargo, el statu quo del equipo es amenazado cuando, tras una accidentada misión en la que pierden la vida varias personas en Nigeria, los Avengers son encarados por el secretario de Defensa estadounidense, Thadeuss Ross, para que se sometan a la jurisprudencia del país y de Naciones Unidas. Como prácticamente ya todo mundo sabe, Tony Stark está de acuerdo en que deben ser supervisados por alguien, mientras que Steve Rogers considera un riesgo estar a las órdenes de un organismo superior.

Es obvio entender el sentimiento de culpa del hombre bajo la armadura de Iron Man por los eventos tras la creación de Ultrón, pero por otra parte todos los argumentos del ex coronel Ross rayan en lo absurdo y desafían la continuidad misma del Universo Cinematográfico de Marvel. Es como si los directores, Anthoy y Joe Russo, pensaran que el público es tonto y no se daría cuenta de tremendos huecos en la trama.

¿Retcon en cine?

El argumento central de Capitán América: Civil War es que Steve Rogers rechaza alinearse a la jurisprudencia del gobierno americano y de Naciones Unidas, algo que resulta incomprensible, pues la Iniciativa Avengers es un programa de defensa orquestado por SHIELD, la agencia de espionaje y antiterrorismo estelar de Estados Unidos y la ONU. Vaya, desde su concepción misma el Capitán América es  un agente de su gobierno y cuando regresa a la acción en la era moderna queda más claro que nunca. Es tan claro que un oficial del Ejército, James Rhodes, es parte de los Avengers con la armadura de War Machine.

Además de eso, también se culpa al equipo de la destrucción en Nueva York, en Los Vengadores, siendo que los superiores de SHIELD lanzaron una bomba nuclear en la ciudad como solución. También se les achaca la caída de los Helicarrier en Washington, cuando el problema fue que estas aeronaves habían sido controladas por Hydra después de filtrarse en los rangos de SHIELD y del mismo gobierno estadounidense.

Pero a los hermanos Russo les importó un pepino los eventos anteriores a Capitán América: Civil War. Fiel a la usanza de los cómics, aplicaron una especie retcon (resetear la continuidad) cual si fuera un recurso válido para justificar una trama que desde el principio se notaba sin botas ni casco: Capitán América se hacía como si nunca había estado bajo las órdenes del gobierno, el gobierno le echaba la culpa de sus decisiones a los Avengers y el espectador hacía como que no había visto las últimas películas del estudio.

Bucky, Zemo y el ensamble de personajes

Para echarle gasolina a la combustión, Capitán América: Civil War añade a Soldado del Invierno y Helmut Zemo. El primero se convierte en la manzana de la discordia entre Rogers y Stark, -uno lo quiere a su lado, el otro lo quiere preso-, en tanto que el segundo funciona a manera de un cuasi titiritero antagonista (porque villano, lo que se dice villano, nunca a llega a ser) con demasiada suerte, intentando mover los hilos del conflicto para avivarlo, aunque la mayoría de ocasiones éste se prende solito por decisiones irracionales de los personajes o por pura y mera coincidencia: todo le sale a aunque no tenga mucho sentido.

El acercamiento a Zemo es muy disímil al de los cómics, y ofrece un personaje bastante más humano, aunque al mismo tiempo más flojo como antagonista de peso. No faltará quien nuevamente acuse a Marvel de no tener un roster a la altura en cuanto a malosos se refiere o de no saber aprovecharlo; en todo caso Marvel luce últimamente tan falto de villanos bien estructurados que es más divertido ver darse de trompadas a sus superhéroes.

Crossbones, en una imagen de la película Capitán América: Civil War.

Ah sí, también sale Crossbones, pero su aparición es meramente anecdótica.

No obstante la trompicada y en muchos momentos ilógica trama, el largometraje mantiene la clásica fórmula Marvel: acción, chick flick, efectos especiales y comedia, mucha comedia. El ritmo narrativo es vertical y sin parones, con una secuencia de acción sucediendo en pocos minutos a la anterior. Eso sí, cuando los protagonistas comienzan a contar trillones de chistes durante la que se supone es la batalla estelar (la del aeropuerto), es fácil anticipar que es una pelea de mentiritas donde no pasa nada y nadie se lastima. Además nadie puede morir, porque Disney tiene muchos muñecos que vender.

Mientras el primer acto es un absurdo narrativo, el segundo, aún con su combate de chocolate, es bastante divertido; la inclusión de Pantera Negra, Hawkeye, Spider-Man y Ant-Man, le dan uno de los pocos elementos sorpresivos a la experiencia, con estos dos últimos personajes robándose la función por encima de los superhéroes estelares en turno y logrando un interesante ensamble de poderes y habilidades. Pero cuando Capitán América: Civil War debía mejorar y cerrar con broche de vibranium, en el tercer acto, nos ofrece una conclusión estéril y sin mayores repercusiones.

Ni tan guerra civil

El final del filme nos deja ante la sensación de que poco o nada cambió realmente al interior del equipo. Tan es así que Marvel prepara un largo descanso para esta alineación de los Vengadores y explorará caras nuevas en sus próximos estrenos como Black Panther, Capitana Marvel, Doctor Strange y el nuevo Spider-Man, del cual se ve tan poco que es difícil juzgar qué tan buena o mala es esta versión comparada con las anterior.

Al contrario de los cómics, esta Civil War no deja mayores consecuencias ni en el grupo ni en sus integrantes, no hay escombros sobre los cuales escarbar y la construcción de la historia es muy forzada, con eventos que tienen poca o ninguna relación con el plan “maestro” que se fragua tras el conflicto y más bien diseñada para que se luzcan los protagonistas, aunque no tenga mucha lógica.

No importando todo este cúmulo de puntos en contra, tengo que reconocer que al menos en lo general me pasé un buen rato con Capitán América: Civil War. Es un festín en cuanto a acción, un espectáculo en toda la extensión de la palabra con algunos momentos de comedia inteligente, aunque con muy poca carnita. La historia es tan pero tan simple, que prácticamente es imposible emitir spoilers. ¿Qué evento sucede en la película realmente importante como para contarlo y se la eches a perder a alguien? Ninguno.

Palomera y nada más

Pese a su decepcionante contexto del conflicto, Capitán América: Civil War es el clásico blockbuster palomero de verano que por sus bien coreografiadas batallas y el ensamble de superhéroes vale la pena ver al menos una vez, aunque Ant-Man, Iron Man, Los Vengadores y, sobre todo, El Soldado del Invierno son mucho mejores exponentes del buen cine que puede hacer Marvel con narrativas mejor logradas y apegándose a su propia continuidad.

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