Transistor | Reseña

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Transistor

Hay en mi parecer dos tipos de reseñas en el mundo, o mínimo que me ha tocado escribir, las que me piden por “encargo” y las que redacto por decisión propia. Amo de sobremanera reseñar videojuegos, pero es más especial cuando lo hago por un título que esperé y nunca perdí el paso, a pesar de que hubo muchos otros que resonaron más. Transistor, de Supergiant Games, para PlayStation 4 y Windows, es el juego que estuve esperando ansiosamente, noche tras noche esta temporada. Mi reseña está basada en la experiencia con la consola de Sony y no contiene spoilers del final.

Transistor

La pérdida del ser amado, el que es tu otra mitad, puede ser tan doloroso y poco aceptado que probablemente se haría todo lo posible por recuperarlo. Ese es el concepto de Transistor, conmovedora historia que más allá de los gráficos, escenarios, peleas y robots, está relacionada estrechamente con la música, que juega un papel indispensable y prácticamente único en este título.

Red es una cantante exitosa y con una voz como ninguna, la mejor de la ciudad de Cloudbank, donde ella reside y donde todo inicia con una imagen ciertamente confusa, pues un leve tintineo nos indica que debemos tratar de sacar una espada gigante del torso de un hombre que yace muerto y sentado. Una vez que Transistor, la espada, es retirada del cuerpo inerte del amante de nuestra protagonista, nos damos cuenta que su voz y conciencia permanecen vivas dentro del arma.

Conviviremos todo el tiempo con esta voz que pocas veces permanecerá en silencio, pero que por su tonalidad, acento, y efectos especiales será casi imposible que nos canse, y más por todo lo que le comenta a Red durante el desarrollo del videojuego. Sin embargo ella no contestará, ya que su voz fue arrebatada por el Proceso, una fuerza robótica comandada por la Camerata, la comunidad de personas que diseñaron el Proceso y a su vez a Transistor.

Nuestra misión al principio no es precisamente acabar con la Camerata, sin embargo, como es de esperarse, llega un momento en que será eso lo que debamos de hacer, ya que con el fin de encontrar la manera de revivir a nuestro amante y recuperar la voz, la conclusión es esa, debemos de ir por la cabeza de la organización: Royce, la voz masculina más sexy de Transistor. El resto es algo que ustedes deben de continuar por su cuenta, algo que no debo de arruinarles por la sorpresa del final, y que vale la pena cada una de las batallas que afrontaremos.

Base, colector, emisor

La historia está asentada, pero ¿qué más es Transistor? Es un RPG de acción, con la modalidad de combates por turnos o continuo. Veremos a Red en tercera persona cargando, o mejor dicho arrastrando la espada por su gran peso. No hay mundo abierto, a pesar de que en ocasiones será posible tomar decisiones de moverse a dos o tres lugares diferentes, pero siempre será para terminar al lugar que la historia nos arrincona.

Transistor
Todos los escenarios son al descubierto, como si estuviéramos en la azotea, pero no es así, en realidad son andadores a diferentes niveles y sobre edificios por todo Cloudbank.

Las peleas de Transistor no podemos saltarlas, ni escapar, cancelarlas o darles la vuelta, pues cuando un contorno de luces azules se enciende acompañado de música más movida, sabremos que habrá acción. Se le llama Proceso a la acción de entrar en combate, y dura hasta que hayamos despachado a todos los combatientes robots. Una vez que empieza, se alzarán columnas formando paredes para resguardarnos de ciertos ataques, aunque pueden desaparecer sin son alcanzadas por alguna colisión.

Una vez que arranca el Proceso, tenemos algunas opciones de ataque: desplegar nuestro arsenal golpe tras golpe, correr hacia los enemigos y recibir daño en tiempo real, o activar nuestro turno. He aquí el arte y belleza de aporrear a los mugres robots, ya que el piso se tornará negro y con puntos, para que nos sirvan de referencia en el lugar donde están los droides y uno mismo.

Una barra luminosa de color azul marca el límite de acciones que podemos realizar por turno, y cada una va agotando esa barra, ya sea que corramos para colocarnos, demos un espadazo, soltemos una bomba o carguemos un paquete de energía; todo consumirá un poco y acabará con el turno. Siempre podremos deshacer una o todas las acciones, pensarle, tardarnos el tiempo que queramos, pues no hay prisa ni presión.

Transistor
A veces es más práctico o rápido no entrar al modo de turno y zamparles dos o tres moquetes a los igualados robots.

Mientras estemos decidiendo nuestros golpes faltos de ternura, veremos la cantidad de daño infligido en el robot, así como la vitalidad restante, la posibilidad de hacer un combo, y las aclaraciones a los ataques que no generen daño, ya sea por el estado del rival o la ubicación de uno mismo, indispensable para que los trancazos aterricen.

Al finalizar el combate en Transistor, recibiremos puntos de experiencia, los cuales suben de nivel, generando que se nos den tres objetos a escoger: una función, una mejora de memoria y un limitador. No puedo negar que hay momentos de valentía donde repartiremos espadazos a sol y sombra, evitando el turno, pero eso se los dejo a su decisión ya que no siempre es recomendable hacerse el Chuck Norris.

Aquí te encargo este fierrito USB

Transistor, la espada es un tema del cual se tiene que hablar, no puedo definitivamente dejarlos con la idea de que es una memoria USB grandota, la cual es usada por una chica de pelo rojizo. No lo es. Es más que el nombre del juego, más que nuestro instrumento de batalla: es en torno a lo que gira todo nuestro mundo.

La espada tiene ranuras de ataques, cuatro para ser exactos. Estos poderes se consiguen cuando subimos de nivel, y en ciertas y específicas ocasiones será tomado de personas finadas durante el desarrollo del juego, personajes que tienen alguna característica que nos sirve para armarnos mejor. Cada poder puede usarse de tres maneras diferentes, pero sólo de una a la vez: como arma primaria, secundaria y pasiva -ya iban a decir terciaria-.

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Red ya decidió cómo atacarlos y sólo es cuestión de ejecutar su plan malévolo. Las notas del daño se muestran así como las funciones usadas para despedazar a esos jerks inmundos que no merecen vivir.

Cuando es primaria, sirve como ataque directo durante el turno. Aquí podremos sumarle hasta dos poderes más, pero en modo secundario, complementando el efecto, que puede ser incrementando la fuerza, haciendo más largo el alcance o provocando incluso que un enemigo se nos una por momentos. Tendremos en Transistor dos ranuras para acciones pasivas, que afectarán todos y cada uno de los ataques que hagamos durante el turno, como velocidad de ataque y/o recuperación, disminución de daño recibido, aumento de vida, etcétera. Así trabajan las funciones.

Transistor cuenta también con ranuras de memoria que se van llenando conforme coloquemos poderes a la espada, ya sea como primarias, secundarias o pasivas. Es muy importante analizar qué poderes nos sirven más para no llenar la memoria. La cantidad de espacios incrementan cuando subimos de nivel, sin embargo queda a decisión nuestra, pues las mejoras también pueden ser que desbloqueemos ranuras para las armas secundarias y/o pasivas.

Los limitadores también son algo que escogeremos, sin embargo, como su nombre lo dice, funcionan para limitar nuestros recursos, como disminuir nuestra memoria, cantidad de poderes a usar, reducir velocidad de ataque. Podemos jugar con o sin los limitadores activados, pero al hacerlo con ellos, la experiencia se torna más difícil. A pesar de ser interesante, hay limitadores que se pasan de groseros y al parecer los pusieron para amolarnos más.

Transistor
Aquí es donde aclaramos a qué botones asignaremos cada golpe y con qué efecto extra.

Tendremos una barra de vitalidad que disminuirá cuando nos alcance una reprimenda ajena, y una vez que se acabe esa vida, no moriremos, únicamente perderemos uno de los cuatro poderes en la espada: el más usado estadísticamente; entonces el juego cambia su nombre a “parir chayotes”. Seguiremos peleando con los recursos que nos queden, y una vez que nos hayan despojado de todos, ahí sí colgaremos los tenis.

En casi todos los escenarios donde andaremos habrá unas computadoras que nos permitirán rearmar al Transistor, pero necesitaremos visitar dos de éstas para recuperar cualquiera de los poderes primarios que se nos hayan quitado en el turno anterior. Estas terminales también sirven para guardar el avance de juego.

Después de haber enfrentado a Sybil, encontraremos de manera muy esporádica, pasajes hacia el backstage, que es literalmente una isla con varias puertas. Ahí descansaremos, recuperaremos energía, jugaremos con un perro, una pelota y lo más importante, entraremos en dichas puertas para hallar escenarios donde se nos aplicarán pruebas de velocidad, durabilidad y planeación, que nos retribuirán en puntos de experiencia.

Transistor
Definitivamente me voy de casa. Si nadie entiende la referencia, me sentiré sumamente viejo. Ok, no la entendieron.

Zoquetes robots

Hay varios tipos, formas y tamaños de robots enemigos, y cada uno cuenta con características de ataque bastante marcadas, pero todos tiene una debilidad específica -varía en cada especie-, y otra que es básica, y sí, aquí les pasaré el tip: por la espalda todos son vulnerables. Por eso es importante estar en movimiento siempre, para encontrar el lugar perfecto y atacar.

Deberemos ser cuidadosos antes de embestir, y esto lo digo por las porristas. Sí, así como lo leen, hay cheerleaders que no precisamente usan pompones y aplauden, sino más bien protegen a uno o varios especímenes, haciéndolos invencibles. La lógica es fácil: duro contra ellas y sin piedad.

Los Man requieren de una atención importante a los detalles, y no dejar escapar ni un instante, ya que la mayoría del tiempo están en modo máscara, invulnerables a cualquier daño, buscando a su presa y lanzando “cortes de cabello” -seguimos con los nombres raros- que son los ataques más dañinos de todo el juego. Esos y los perros con sus ladridos dificultan mucho las peleas. En la lista de enemigos también hallaremos jerks, creeps, young ladies y el inmenso Spine, una de las batallas más satisfactorias de Transistor.

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Todos los bloques se pueden destruir, pero cuando vemos semejante mono perseguirnos, esas paredes serán nuestras mejores amigas.

Me hubiera decepcionado estarles diciendo ahorita: “…entonces todos los combates se mecanizan y se pierde el interés…”. Afortunadamente no es así. La variedad con la que se presentan enemigos en los combates hace que cada vez debamos de ser cuidadosos en la estrategia, a pesar de que mantengamos las mismas funciones el 80 por ciento del juego. Cada vez que entremos en estado de pelea, será imperativo analizar enemigos, posiciones, paredes, vitalidad y recursos. Sólo recuerdo dos procesos -a lo mucho- donde no tuve que tomar turno, y así a bombazos acabé rápido con la bazofia tecnológica. Nunca de los jamases me cansé de un altercado, los ansiaba siempre.

Utopía audiovisual

Sí, Transistor es hermoso. Al grano y sin rodeos, es bellísimo en lo visual y en lo auditivo. Los pisos que reaccionan electrónicamente cuando arrastramos la espada, las paredes que se levantan al entrar en combate, los bares y lugares de atracción con sus luces, los vehículos, afiches en la ciudad, columnas, todo es increíblemente genial. No hay vuelta de hoja, pues cada vez nos sorprenderemos más con las partes de la ciudad que iremos conociendo. Ojalá y pusieran a la venta un libro con el arte conceptual del juego, pues compraría dos.

Durante la creación de esta reseña y varios trayectos en mi coche, el soundtrack lo puse repetidamente. No lo puedo evitar, y menos por su gran parecido con algunas melodías de la banda Portishead. Es innegable la semejanza, es incluso posible encontrar instrumentos similares en la banda sonora realizada por Darren Korb, complementada con la tranquilizante voz de Ashley Barrett, quien la prestara también para el videojuego Bastion. Transistor es a su música, como su música es a Transistor.

Transistor
a Camerata es una organización peligrosa salida de la imaginación de algún diseñador de modas.

Veredicto único y oficial

Pagué 19.99 dólares en la tienda de PlayStation. Los volvería a pagar. Transistor llegó a un grado tan alto en mi gusto, que lo regalaría a una persona que me sea muy especial, y que obvio tenga PlayStation 4 o PC. Lo continué y seguí jugando varias horas más, una vez que había visto el conmovedor final. Tardé doce horas en ver los créditos de un juego que dura a lo mucho siete u ocho. Todo por leer, entrenar, recorrer, probar funciones, dejarme matar para ver qué pasaba. Todo lo posible.

Transistor no es un videojuego más para mí, es mi candidato a título independiente del año. Es mi soundtrack matutino. Es ya parte de una serie de juegos que su adjetivo calificativo inmediato es “juegazo”. Así como digo “Guacamelee!, juegazo”, “Papers, Please, juegazo”, así digo “Transistor, juegazo”. El título de la cantante sin voz, de la espada que habla, de la música impresionante, alza la mano por los juegos independientes y grita a todo pulmón que a este movimiento le sobra calidad.