Crítica de El Hombre de Acero

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No debe haber nada más difícil en cine que retratar las historias que todo mundo conoce. Aquellas que son casi tan de dominio público que cuesta trabajo sorprender al público. El cuento del niño que llega en cohete a la Tierra como el último de su raza ha sido representado en infinidad de ocasiones en un sinfín de medios y es complicado creer que una nueva versión en cine pueda mostrarnos algo nuevo de Superman, pero El Hombre de Acero lo logra.

El Hombre de Acero

Afortunadamente, el director del filme, Zack Snyder, no quiso reinventar la rueda sino hacer notable quizá el aspecto más significativo del superhéroe por antonomasia en su regreso a la pantalla grande: es el ser más poderoso del universo, capaz de arrasar planetas enteros y sobreviviente de las más cruentas batallas en los cómics.

Atrás quedaron Lex Luthor, la kriptonita y detener ladrones metiéndolos al cesto de basura. Snyder representa con su grandiosidad característica al Superman que muchos queríamos ver en la pantalla grande, al que pocos aficionados casuales conocían después de varias lastimosas adaptaciones y con el que soñamos ser muchísimos niños, cuando enfundados con una capa roja salíamos a salvar el mundo en la inmensidad de nuestra imaginación.

El génesis clásico está aquí y no nos podíamos salvar de él en una cinta que recapitula los orígenes de Superman. El Hombre de Acero comienza en Kriptón para volver a atestiguar la destrucción del planeta y cómo Jor-El y su esposa, Lara, envían al último heredero de su especie a los confines del universo.

La película también abarca el mito de Jonathan y Martha Kent, los padres adoptivos de Kal, a quien dan el nombre Clark y enseñan a lidiar con su fisionomía extraterrestre y encaminan su destino basado siempre en la importancia de sus decisiones y lo moralmente correcto.

El casting de sus padres, adoptivos y biólogicos, fue tremendamente acertado. Kevin Costner encarna esa figura tierna, aprensiva, pero firme de Jonathan Kent, un padre fiel en sus convicciones que le da a Clark la lección más importante de su vida. Diane Lane representa a Martha Kent, la mujer más importante en la vida de nuestro superhéroe y dispuesta a todo por él. Russell Crowe es un interesante Jor-El, un hombre visionario que deposita la esperanza de su familia y de un mundo entero en su hijo. Con menos minutos, Ayelet Zurer completa el mito en el rol de la madre biológica, Lara Lor-Van.

El Hombre de Acero
Russell Crowe y Ayelet Zurer dan vida a los padres kriptonianos de Kal.

El mito de Superman

La selección adecuada de actores no se limita a estos personajes, y es obvio que la producción de El Hombre de Acero pasó tiempo escogiendo a cada uno de los integrantes del filme, desde el Laurence Fishburne, como el comprensivo Perry White; pasando por Amy Adams, como la sagaz Lois Lane, hasta llegar a Henry Cavill en el rol de Superman, quien logró lo que parecía insuperable, competir mano a mano con la interpretación de Christopher Reeve en los filmes clásicos de los años 70 y 80 y actualizar el personaje a los tiempos modernos.

Henry Cavill nos muestra a un Clark Kent físicamente poderoso, pero también humanamente, o kriptonianamente, sensible. Un hombre que encierra un gran poder, pero que encuentra en su aceptación y en el temor de otros su más grande debilidad. Un inmigrante del espacio que adopta a la Tierra como su hogar mientras al mismo tiempo se embarca en la búsqueda de su linaje.

Me gustaría profundizar un poco más en el argumento de la película, pero no vale la pena echarla a perder, y si has seguido los tráileres de El Hombre de Acero seguramente ya conoces la premisa: un grupo de kriptonianos liderados por Zod (Michael Shannon) y Faora (Antje Traue) llega a la Tierra para exigir que les sea entregado Kal-El.

El Hombre de Acero
La humanidad es amenazada para entregar a Kal-El.

La narrativa no se anda con enredos o suspensos innecesarios y Zack Snyder prefirió convertir una simple idea en un festín de poder y efectos especiales. Eso no quiere decir que El Hombre de Acero tenga una trama pobre, al contrario, es impresionante la empatía que logra imprimir en los personajes y los pequeños pero a la vez grandes momentos en que nos muestran el lado humano de Clark en diferentes etapas de su vida, cuando sus habilidades suelen ser más su enemigo que su aliado.

Pero es obvio que Snyder apostó por lo espectacular, por presentarle al público lo que siempre ansía ver cuando asiste al cine a ver una película de superhéroes: acción pura en su máximo esplendor. Vuelo, golpes, explosiones, visión de calor, peleas que desafían la realidad y una gama de impresionantes tomas cinematográficas adornan la cinta mejor lograda en este tenor. El sonido del crujir de huesos, el chirrido de las ventanas desbaratándose en cascada, los cráteres tras el impacto de dos súper hombres, todo está en El Hombre de Acero, un filme que hace fruncir el ceño incluso a Los Vengadores, de Marvel. Si amabas esas impresionantes batallas en la versión impresa, todo está aquí.

Un banquete de acción kriptoniana

Un banquete de acción, con héroes y villanos que golpean con la potencia de una bomba atómica y se mueven a velocidades impresionantes sobre la pantalla. Difícil no quedar enamorado de esta estética tan Snyder. La música, por su parte, es el complemento indicado. Hans Zimmer creó en El Hombre de Acero la que sin duda ha sido su mejor banda sonora y logra superar el trabajo realizado por John Williams para Superman en 1978. El efecto en 3D, visto en la pantalla adecuada, también es inmersivo y ayuda a la presentación del filme.

Aun así, El Hombre de Acero no se salva de tener varios “pero”. El más notable, a mi gusto, fue la premura con la que se dan algunas relaciones interpersonales, aunque es entendible por la misión de Warner Bros. de volver a contar el origen de Superman al mismo tiempo que empujaba la historia hacia adelante. Hubiera sido difícil, y tal vez hasta intolerable, dejar pasar una película entera para desarrollar a un personaje que ya todo mundo conoce y esperar hasta una segunda parte para las escenas de acción. Sin embargo, el balance entre acción y recursos narrativos no es el mejor: la adrenalina tarda en llegar y cuando llega no cede ante nada y se vuelve un derroche efectista que puede tornarse cansado para algunos.

Al final, El Hombre de Acero le hace justicia al último kriptoniano en cine. Logra su cometido de sorprender sin reinventar a Superman a tal grado de que resultara irreconocible. Este es el Superman de los cómics de los años 90 en adelante, el que vimos en sagas como Birthright, Last Son y, sobre todo, Superman: Tierra Uno. A la vez presenta un acercamiento tan simple que cualquier fan de la acción, las cintas palomeras y/o la ciencia ficción puede disfrutar.