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Críticas, análisis y reseñas

Reseña de Mortal Kombat X

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Mortal Kombat X

Desde su aparición por primera vez en 1992, la franquicia Mortal Kombat resaltó por la brutalidad de sus movimientos finales, los galones de sangre desparramada y los gráficos que intentaban ser lo más realista posibles. Mortal Kombat X respeta la fórmula y continúa con la travesía de NetherRealm Studios y Warner Bros. Interactive por acercarlo con fuerza al lado más competitivo de los juegos de pelea.

Mortal Kombat X

Sorpresivamente, al menos para mí, la trama de Mortal Kombat X no se trata de una recapitulación de los eventos de Mortal Kombat 4, Deadly Alliance y Deception, como lo fue en su momento el anterior título de 2011 con respecto a las tres primeras entregas. Sin embargo, la trama conserva varios guiños a los eventos originales, como el hecho de que Quan Chi revele a Scorpion que él mató a su familia y la aparición de un zombificado Liu Kang.

El modo de historia en sí es muy similar al de Mortal Kombat. Se trata básicamente de una película con el motor de juego que cada cierto tiempo te pone en el papel de uno de los peleadores para combatir contra diferentes rivales. El personaje que controlas cambia según el capítulo y aunque nunca tomas el rol de todos, sí lo haces de la mayoría del bando de los buenos. En esta ocasión, en las partes cinemáticas insertaron Quick Time Events, pero están ahí de mero adorno y si los fallas no hay mayor penalización.

La punta del iceberg

La narrativa no la sentí tan aceitada como hace cuatro años, en parte porque como seguidor de la saga esperaba ver desde una perspectiva más completa los sucesos que ya conocía, y también en gran medida porque los cambios en el argumento y los nuevos personajes no convencen del todo (¿las hijas de Jax y Johnny Cage?, ¿un cazarrecompensas con pistola?). Quienes lo terminen y vean que al final de cuentas en Mortal Kombat X rige lo mismo que en el mundo de Los Ositos Cariñositos, la fuerza del amor, se sentirán decepcionados.

Me quedó también la comezón de no poder jugar con varios personajes que aparecen en este modo y ya son semi clásicos de la saga, como Bo’ Rai Cho, Fujin, y hasta Rain, Baraka y Sindel. Estos tres últimos de hecho los usa la CPU para pelear contra ti y están dentro del código de Mortal Kombat X, pero no se encuentran disponibles y no han sido anunciados para que lo estén en un futuro.

De cualquier forma, el modo de historia es sólo la punta del iceberg, todos sabemos que la carnita en los videojuegos de pelea se encuentra cuando mides tus habilidades frente a frente contra otro ser humano con la mismas ganas de destriparte mediante algún Fatality. Lo recomendable, antes de iniciar tu cacería de retadores, es echarle una miradita al tutorial, practicar un rato y completar algunas de las torres para pulir tus habilidades y dominar el sistema de combate.

Mortal Kombat X

Mortal Kombat X viene con cinemáticas que incorporan Quick Time Events.

X-Ray, Brutalities y estilos de pelea

En realidad no hay tantos cambios con respecto a la última entrega. Se conserva la barra del medidor especial que te sirve para aumentar el daño o alterar la rutina de tus poderes normales, para cortar algún combo rival (más fácil en esta versión) y para ejecutar los patentados movimientos X-Ray, que aparte de sacarle la placa de radiografía a tu rival y bajar una buena cantidad de sangre, se ven bastante bien.

De Injustice: Gods Among Us retoman los escenarios interactivos. Usando un segmento de tu barra especial puedes esquivar, atacar o hasta rematar en combo a tus oponentes usando diferentes elementos del nivel. Aunque es divertido, en lo personal lo considero un factor bastante aleatorio como para una pelea justa y suelo desactivar esta opción.

Otro elemento de gameplay que se rescató, aunque no de títulos recientes, sino de Mortal Kombat: Deadly Alliance, fue el de los estilos de pelea. Cada personaje cuenta con tres estilos diferentes para seleccionar y aunque a fuerza de ser sinceros no cambian diametralmente los movimientos, sí alteran el flujo de combate y tu acercamiento con cada uno. Por ejemplo, Scorpion tiene un estilo con espadas bastante útil para rematar a tu oponente con mayor daño y tener más alcance con golpes normales, mientras que otro te agrega un poder donde puedes invocar a un demonio que sujeta a tu oponente, lo que te permite alargar tus combinaciones de manera bastante manchada.

Mortal Kombat X

La radiografía y a dormir, chavos.

Claro que mayor versatilidad no necesariamente significa balance. Varios peleadores de Mortal Kombat X cuentan con ventajas un tanto injustas dependiendo del estilo, habiendo casos de combos infinitos relativamente fáciles de hacer o jugadas tramposas, como el de Ermac, donde uno de sus estilos llena tu barra de especial con sólo teletransportarte cuatro veces, un movimiento con poco riesgo que además premia demasiado y te pueden romper los combos o aplicar poderes X-Ray cada cinco segundos.

También de hace varios años trajeron de vuelta los Brutalities, aunque a diferencia de Ultimate Mortal Kombat 3, donde tenías que ejecutar una compleja cadena de once golpes para que explotara el oponente, acá se trata de movimientos regulares, poderes o agarres, que al ser realizados hacia el final del combate funcionan como una especie de Fatality corto. Más que nada show, pues. Otra manera de desparramar músculos y huesos sin otra razón que el morbo.

Mortal Kombat XTan Mortal Kombat como siempre

Pese a estas novedades, el sistema de gameplay de Mortal Kombat X es idéntico en un 90 por ciento al de Mortal Kombat. Y eso quiere decir que nuevamente los personajes comparten una serie de movimientos regulares que todos, absolutamente todos, realizan y prácticamente hasta con los mismos valores: el clásico barrido, la aburrida patada voladora que avienta al rival y el inmutable uppercut.

Pero sobre todos ellos destaca nuevamente el botón de barrera. Inútil, sin sentido y más a manera de capricho que como un aporte real a la jugabilidad, el botón de guardia regresa por enésima ocasión para complicarnos la vida a todos aquellos que solemos darnos de golpes en juegos de peleas y sentimos que el movimiento natural para cubrirnos es hacia atrás o inclinado hacia atrás.

Ya no hay pretextos. Hasta los poderes tienen una opción para ser mapeados al estilo clásico de Street Fighter –marcando diagonales- pero el botón de guardia ahí sigue. De acuerdo a NetherRealm Studios, esta opción de ejecutar los poderes con diagonales ayuda a los que están acostumbrados a marcar los movimientos en otra centena de juegos que comparten este tipo secuencias. ¿Y la barrera?

Actualmente todos los videojuegos de peleas con movimiento en dos dimensiones tienen la guardia clásica, presionar la cruz/palanca hacia atrás. Todos menos Mortal Kombat. Algunos argumentan que es por los cross ups, para que no te pesquen con los extraños brincos al cambiarse de lado. Pero bien pudieron implementar que el botón de guardia funcionara como una defensa especial contra este tipo de movimientos y para absorber el “cheap damage” (daño con guardia) a cambio de parte de tu medidor especial.

Fuera de la guardia, los brincos son igual de torpes que siempre. Controlar a los personajes de Mortal Kombat X en el aire no es tan disfrutable como hacerlo en el suelo, a menos de que se trate de algún combo con remate aéreo. Los personajes se siguen sintiendo como que traen un par de pesadas polainas en los pies y difícilmente hay diferencias notables entre los saltos de todos ellos.

Sigue habiendo también problemas con los valores y rangos de algunos poderes. Por ejemplo, varios proyectiles son esquivables agachándose, no importando si se nota que tu personaje es enorme y el poder va a impactar, lo que hace es traspasarlo. Del mismo modo, ciertos poderes antiaéreos, como uno del último jefe que lanza fuego del estómago, pareciera que pueden esquivarse de un salto y hasta caer atrás de él, pero no, mágicamente la pantalla te atora y te regresa absurdamente a tierra para castigarte por tener el atrevimiento de evadir algo que Mortal Kombat X considera inesquivable (aunque visualmente el poder no te toca ni la suela de los zapatos).

En el lado bueno, los tres modos de combate profundizan y varían la experiencia. No es como que sean 75 personajes en total en lugar de 25, pero más profundo que cuando escoges cierto súper poder en Street Fighter IV; esta decisión te hace repensar tu táctica de batalla. Los combos abren su abanico, las jugadas de presión cambian y hasta la manera de mantenerte a distancia varían. Por cierto, con estos estilos no se les perdona no haber mantenido el modo de batallas en parejas, lo que más se extraña de la entrega anterior.

Mortal Kombat X

Los combos son igual que las últimas versiones: telegrafiados con botonazos a mil por hora.

Los combos siguen siendo del tipo telegrafiados, presionando secuencias rápidamente sin que necesariamente confirmes que el primer golpe haya contactado. Nunca me han gustado del todo este tipo de sistema, pues siento que no existe un motor real de juego que invite a ser creativo con tus jugadas, solamente un catálogo de movimiento que puedes usar y que cambian de guerrero a guerrero. Necesitas no sólo dedos rápidos, sino memoria de elefante para dominar y conocer a los personajes y sus diversos estilos para salir avante.

Intentando sobrevivir en línea

¿Y qué mejor opción para ello que medirte en línea? Bueno, hay que pensarlo dos o hasta tres veces. Porque también Mortal Kombat X presenta serias limitantes en las salas y sobre todo las retas rankeadas con respecto a otros títulos del género, además de un pobre código de red que reduce dramáticamente el frame rate hasta en la PC más pimpeada.

Mi principal queja es que en las partidas igualadas no puedes escoger un solo parámetro. Cuando por fin me decidí a intercambiar golpes y decapitaciones on line me topé con que mis primeros 16 rivales todos superaban las 100 victorias. Todos ellos, excepto dos que gané más de suerte que por habilidad, trapearon -literal- la arena como mis huesos.

Mortal Kombat X

¿Te aplicaron otro Fatality sin meter las manos? Bienvenido al online.

El problema no era solamente el evidente mayor nivel que tenían, sino que en quince de esas 16 ocasiones jugué con mucho lag. Es como ese de meme de Los Vengadores: “Bruce, éste es un buen momento para jugar con lag”. –”Ese es mi secreto Capitán. Siempre juego con lag”. Pero en los juegos de peleas la experiencia misma te da experiencia sobre el lag, mides el tiempo de reacción de los botones, de tu rival y de los combos. Para alguien totalmente nuevo, pelear las primeras 16 veces contra rivales que te superan en habilidad y con una pésima calidad de conexión es por lo menos frustrante.

Probé las retas igualadas sabiendo que dos vecinos contaban con su copia de Mortal Kombat X y estábamos a la misma hora, tratando de ver que el algoritmo era lo suficientemente inteligente como para discernir no sólo que nuestro nivel de maletas era similar, sino que la conexión era la más adecuada para jugar. Nada, nunca jugué contra ellos. Después de casi 60 retas, la enorme mayoría perdidas, pude empezar a ganar, a conocer con qué personajes defenderme mejor, aprender algunas mañas y, curiosamente, me empezaron a tocar rivales de nivel similar al mío. A buena hora.

Mortal Kombat XEl resto de modos en línea simula en su mayoría la experiencia de las maquinitas, conservando su lugar el que va ganando y la larga fila de espera para intentar destronarlo. Las torres, que son una suma de peleadores hasta el jefe final al viejo estilo de las arcades, también sirven para acumular experiencia, desbloquear trofeos/logros y monedas, que puedes intercambiar por trajes, Brutalities y Fatalities.

El modo de Facciones me pareció la cosa más meeh. Todos escogen Lin Kuei (los de Sub Zero), es la facción que siempre gana, no obtienes gran cosa ni la sensación de que tu aporte sirva de algo. Al contrario, el hecho de que todos los modos y hasta las derrotas te otorguen puntos de nivel personal y monedas sirven para incentivarte a regresar por más. Sientes que siempre vas mejorando, que vas abriendo nuevo contenido y que no eres tan malo como aparentas.

Todo, menos en PC

Técnicamente, Mortal Kombat X es bastante llamativo. Sin ser una plétora de logros visuales y sonoros, se ve y se escucha muy bien, a menos que lo pongas en español latino, porque suena horrible. Los Fatalities son más sangrientos e ingeniosos que nunca, no todos, pero sí la mayoría, lo mismo que los poderes X-Ray y los Brutalities.

Los escenarios también me agradaron, sientan bien no sólo con el contexto de la historia de Mortal Kombat X, sino que están llenos de detalles… salvo uno un bastante absurdo donde hay un monigote atrás en un sauna resucitador. Como mencionaba, las voces me agradaron bastante, especialmente los acentos y tonos de personajes como Kotal Kahn y D’vorah. La música, clásica de la saga, no va a ganar un sólo premio y probablemente no la recordaremos tras apagar la consola, pero ameniza bien el ballet de órganos internos expuestos y cachetadas.

La versión de PC obviamente es la que se ve mejor, pero de momento y hasta que no liberen un par de parches, elige la versión de Xbox One o PlayStation 4. La adaptación de High Voltage Software está llena de tantos fallos -al grado de ser injugable en muchos casos- que nos hace dudar sobre las futuras adaptaciones para Xbox 360 y PlayStation 3.

Muchas vísceras, poca carne

Me da la impresión que Ed Boom y compañía le dedican demasiado tiempo a cuántos litros de sangre va a acumular cada nueva entrega y cómo va a lucir la violencia explícita para que digas “guau”, en lugar de invertir ese tiempo a valores de peso como la jugabilidad misma. No porque Mortal Kombat X no sea divertido, lo es, pero definitivamente se vuelve a quedar corto en cuanto a ganarse un lugar entre lo mejor de este ramo.

El mayor problema de Mortal Kombat X es que se puede convertir en un título o muy casual para jugar en casa con tus amigos y tu novia, o demasiado de nicho para fans y maestros de la saga, para aquellos que acumularon unas 100 horas en el anterior. Si eres uno de los que no es tan bueno y buscas pertenecer a la élite de “me sé varios combos con todos los personajes”, la curva de aprendizaje es salvaje, empinada y más brutal que los mismo Brutalities. Si no te importa que el juego en línea no tenga parámetros para filtrar batallas al menos por calidad de conexión, modos que faciliten el aprendizaje gradual ni tener tu dedo pegado al botón de guardia, adelante, te vas a divertir como auténtico monje shaolin vuelto a la vida por un hechicero oscuro.

Periodista, cinéfilo, lector compulsivo de cómics, asesino de RPG, cazador de trofeos, amante de todo lo que tenga 32 bits o menos y consumado peleador callejero desde Street Fighter II. Cuando no estoy aquí, soy el jefe de la Redacción en Cambio de Michoacán.

Cine y TV

Crítica de Neruda

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Crítica de Neruda.

Dice Pablo de Rokha en su libro Neruda y Yo: “Pablo Neruda no pretendió poner su nombre al servicio del Partido Comunista, pretendió poner el Partido Comunista al servicio de su nombre”, recordando el dentado ego protagónico del Nobel de Literatura, un modus operandi que ni siquiera su exilio mermó, cuando se compartió en el comunista más importante y buscado de Chile. Casi 70 años después el cineasta Pablo Larraín logra colocar el nombre del poeta al servicio de su última obra, una película sobre un policía que lo persigue hasta la Patagonia.

Neruda

Neruda, sin ser un biopic, retoma elementos de la huida del poeta de su país natal en 1948, cuando siendo senador es acusado de traidor al régimen del entonces presidente Gabriel González Videla; una historia donde Pablo parece nunca querer escapar y el gobierno jamás realmente aprehenderlo, pero que en el estira y afloja revela a su verdadero protagonista: Óscar Peluchonneau, un investigador encargado de dar con el congresista desaforado.

Interpretado por el mexicano Gael García Bernal, Óscar se convierte en el narrador de este relato que navega entre el western y el noir, en la voz en off que subraya lo obvio y lo no tan obvio, se transforma en la sombra de Neruda cuando éste sale a cuadro y cuando no lo está, dibujando, imaginando, armando castillos en el aire con la eventual captura del escritor, contrarrestando sus versos con una prosa tosca pero descriptiva a todo volumen que refleja no sólo los pensamientos del agente, sino el eterno instinto de competencia entre los dos, aún en lo literario.

Ambos se persiguen, se prueban, se topan sin darse cuenta o haciendo como como que no se toparon, juegan a seguirse encontrando incidentalmente, a retar sus habilidades para escaparse y seguirse la pista mientras cada uno cree poder escribir la conclusión de la novela policial que entretejen.

El (rebuscado) lenguaje Larraín

El director Pablo Larraín, por su parte, ideó su propio lenguaje audiovisual paralelo, buscó la forma de transformar los versos del chileno en imágenes que se reciten a sí mismas y maquilló los textos de Óscar para que compitan con la riqueza literaria de Pablo. El cineasta cambió para éste, su sexto largometraje, su manera de concebir ficciones: sus planos íntimos y cercanos, como en Post Mortem, no llegan a la cita en favor de un atractivo pero abrupto lenguaje fílmico a base de tomas abiertas y efectos especiales de antaño que evocan la lírica, la nostalgia y el arte.

Sin embargo, Larraín abusa de ello. Media función se va entre guiños y recursos que lucen reiterativos y rebuscados ante la obvia narración, porque pareciera en muchos momentos que para el director era necesario que la película se contara a sí misma en voz alta. A favor, la cinematografía pierde su efecto pero no su encanto gracias a las atinadas interpretaciones y el inquebrantable guion de Guillermo Calderón que le acompañan.

Luis Gnecco (“Cucaracha” en Narcos) es un Pablo Neruda creíble e increíble a la vez. El filme lo coloca como un recalcitrante militante comunista -al grado de no asearse por considerar la higiene un valor imperialista-, pero poco a poco vemos a la realidad detrás del mito, al poeta después de sus versos: un hedonista repleto de arranques e incoherencias, fino en el arte del debate socialista y amante de los placeres excesivos de la burguesía, de las prendas lujosas, de las bacanales y todo lo que el dinero pueda pagar. Gnecco destruye y reconstruye su personaje ofreciendo al público una rica variedad de facetas que apenas quizá asoman a describir la realidad del mismo.

Mercedes del Morán, también versátil y atinada en su papel de la pintora Delia del Carril, esposa abnegada, abnegadísima, de Pablo Neruda, capaz con la misma gracia de soportarle cualquier desplante que de aconsejarle sutilmente sobre su futuro y servir como la comparsa de sus caprichos extra maritales.

Finalmente Gael García, el invitado mexicano incómodo y viejo conocido de Larraín en No (2012), el personaje fuera de la realidad histórica que se inventa a sí mismo mientras avanza Neruda, secuestrando a mano armada el protagonismo del Nobel chileno. Óscar Peluchonneau es casi una metáfora de Pablo, con un pasado pobre y lleno de miseria que encuentra en un segundo tramo de su vida la oportunidad de reivindicarse y forjar su propio camino, de encontrar el éxito, encarnado para él en atrapar a Pablo Neruda, el comunista traidor.

Interesante historia no tan de Neruda

Y cuando Pablo tiene que huir, cuando de verdad tiene que hacerlo durante el tercer acto de la película, Neruda se redime a sí misma. La narrativa subrayada y la cinematografía poco ortodoxa de Larraín se revelan como ingredientes de esta cuasi ficción que sólo toman su justo lugar en las secuencias finales -en la nieve y muy bien logradas- y desvanecen un poco la pretenciosidad que por momentos desborda esta obra. Desgraciadamente para muchos que esperaban algo más apegado a la realidad histórica y pese a lo atractivo de su apuesta, Neruda es casi una película de Óscar Peluchonneau, de cómo este policía se transforma en la creación más interesante del poeta, aunque esto de verídico no tenga nada. Un filme sobre lo nerudiano del Chile de aquellas épocas más que de Pablo Neruda mismo.

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Cine y TV

Crítica de Escuadrón Suicida

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Póster de Escuadrón Suicida.

Para casi todos de quienes gustan del cine de superhéroes sólo existe una fórmula correcta de hacer películas del género. Cualquier producción que se aleja de este molde se enfrenta al rechazo y la comparación con lo que pudo haber hecho o ya hizo Marvel. Escuadrón Suicida no se escapa de esas muchas veces odiosas comparaciones, y aunque dista mucho de ser un fino largometraje, tiene varios puntos a su favor que lo convierten en un entretenido estreno.

Inspirada en el cómic homónimo de DC y bajo la dirección y guión de David Ayer (Día de Entrenamiento, 2001), Escuadrón Suicida, contrario a lo mostrado en Batman vs Superman: El Origen de la Justicia, se toma más libertades narrativas, pero dado lo desconocido que este equipo es para la mayoría del público, incluyendo los lectores frecuentes de historietas, nunca se convierte en tema álgido de debate.

Escuadrón Suicida

Las diferencias entre el filme y el material original se establecieron para apelar a una audiencia más amplia, pasteurizar la crudeza de varios de los integrantes del equipo y generar un imán de taquilla con algo que se ubique fácilmente, en este caso la figura del Joker.

Con estos cambios en mente y al menos un par de revisiones sobre la versión filmada en primera instancia, Escuadrón Suicida es la entrega del Universo Extendido de DC con más sabor a Marvel: acción con varios tintes de comedia y una trama sencilla que centra su posible éxito en el clic que los protagonistas logren hacer con el espectador.

Amanda Waller, una oficial de seguridad al servicio de la Casa Blanca, idea un grupo de choque integrado por poderosos villanos convictos. Su idea es que éste sirva en caso de que “el siguiente Superman no resulte ser tan amable”.

Su  primera misión es infiltrarse en una ciudad presa de un misterioso “ataque terrorista” y rescatar a una persona muy importante para el gobierno americano. El argumento es una línea recta con un par de desviaciones ligeramente sorpresivas hacia el segundo acto, pero a pesar de que peca de simple -y a veces algo ingenua- encaja muy bien en la dinámica de que son los personajes y no la trama quienes dirigen la función.

El equipo de antihéroes

Deadshot, un asesino a sueldo que jamás falla un disparo. Mientras su versión de cómic es bastante cruel y despiadada, Will Smith da vida a un mercenario más humano y carismático, sabedor de sus “pecados” y buscando de cierta forma redimirlos. Su motor para embarcarse en la misión es su hija, con quien perdió comunicación tras ser encerrado.

Margot Robbie es Harley Quinn, quizá el segundo gancho comercial más importante en Escuadrón Suicida. Una siquiatra que se enamora de un antiguo paciente, Joker, con quien mantiene una enfermiza relación de amor y sumisión para luego ser enemiga recurrente de Batman. Con espectaculares habilidades de gimnasia y combate, no tiene mucho sentido de cualquier forma que manden a la guerra a una arlequín con bat; fuera de eso, su personaje se adueña rápidamente de la pantalla con sus bromas y retorcida lógica.

El Diablo (Jay Hernández) es seguramente la sorpresa en el casting. Se trata de un chicano con habilidades piroquinéticas impresionantes, pero un pasado tan oscuro que prefiere mantenerlas a raya. Para el público mexicano se convertirá en la estrella del equipo, no sólo por su nacionalidad, sino por lo bien trabajado de su personaje.

Killer Croc es el otro “tumbado” del Escuadrón. Adewale Akinnuoye-Agbaje se pone en la piel de un “cholodrilo” con algunas líneas de diálogo bien pensadas, mas en general dejando mucho que desear si lo comparas con su contraparte de los tebeos. Un hombre lagarto tan chaparro no impone tanto ni en las cloacas.

Jai Courtney, en el rol del Capitán Búmeran, un ladrón sin honor y borracho empedernido que tampoco muestra ninguna habilidad especial como para ser tomado en cuenta en una misión clasificada, sin embargo, el también ex modelo australiano logra una actuación convincente con un personaje tan odioso y poco confiable como divertido. La comparsa de Harley Quinn: mientras ella simplemente está loca de atar, Capitán Búmeran es el tipo vivillo que quiere sacar ventaja de cualquier situación, casi siempre con resultados involuntariamente graciosos pero sin inundar la película de chiste tras chiste.

El cuadrado coronel Rick Flag (Joel Kinnaman), la inentendible samurái Katana (Karen Fukuhara), la sensual bruja de miles de años de antigüedad Enchantress (Cara Delevigne) y el prescindible Slikpnot (Adam Beach) completan el Escuadrón Suicida. Mención especial a la interpretación de Amanda Waller por Viola Davis, que le da al clavo en presentar a una mujer sin el más mínimo remordimiento cuando se aplica lo de que “el fin justifica los medios”.

El Joker de Jared Leto

Obviamente, el banquete especial, aunque no necesariamente tan estelar, es Jared Leto encarnando la versión de Joker del Universo Extendido de DC. ¿Lo hizo bien? ¿Logra superar o de menos acercarse a la mítica versión de Heath Ledger? La respuesta corta es no.

Sin adentrarnos en juicios más subjetivos sobre la adaptación, la realidad es que Joker sobra en Escuadrón Suicida. Cierto, el villano de cabellera verde y cuerpo tatuado es parte vital del origen de Harley Quinn, pero su rol es intrascendente para efectos de contar la historia y se siente como un lastre narrativo cada que aparece.

La interpretación de Leto nos deja un par de citas para recordar y una glamorosa escena en Ace Chemicals magistralmente calcada de los cómics… pero nada más. Este Joker es únicamente un imán de taquilla, un cartucho gastado de manera prematura en el afán de DC Comics de colgarle hasta el molcajete a sus largometrajes para alcanzar la línea de tiempo y catálogo de héroes y villanos que a Marvel le han costado ocho años.

Atinadamente, son Deadshot, El Diablo, Capitán Búmeran y Harley Quinn a quienes más se disfruta y los principales ingredientes de esta platillo sobrecocinado que resultó ser Escuadrón Suicida. A ello le sumamos varias escenas de acción bien logradas, efectos especiales creíbles, una sexy cinematografía estilo video musical, interesantes cameos para los fans de las historietas y una aceitada química entre los integrantes del equipo.

¿Por qué sobrecocinado? El montaje mostrado en cines es al menos el tercero de una fila de ediciones sugeridas por David Ayer por la Warner Bros. y por un panel de prueba que sugirió rebajar el tono anárquico de la cinta en pos de algo más familiar.

El corte final es aceptable y sí apela favorablemente más al público en general pero se notan a leguas los cambios: varias de las escenas del Joker presumidas en los avances no llegaron al estreno (algo bueno, en realidad), los protagonistas son muy afables para ser la crema y nata de las felonías y la banda sonora, aunque buenísima como lista de temas musicales, suena sobrepuesta y sin mucho sentido en algunas secuencias.

Escuadrón Suicida, la suma de todas sus bestias

En conclusión, Escuadrón Suicida es la suma de todas sus bestias: la simpatía de Harley, la desazón del Joker, la simpleza de Rick Flag, el tino de Deadshot, la peculiaridad de Croc, la sensualidad de Enchantress, lo vil de Amanda, la comedia involuntaria del Capitán Búmeran y lo sorpresivo de El Diablo. Una película que deja sensaciones encontradas, pero que pese a ello entretiene y sazona con algo de originalidad un cada vez más gastado género.

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Cine y TV

Crítica de Capitán América: Civil War

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Cartel de Capitán América: Civil War.

Capitán América: Civil War ya está en cartelera y con su estreno regresa todo el hype de Marvel con la que quizá sea la película más esperada del estudio desde Los Vengadores. Como si no bastara la expectativa por adaptar una de las sagas de cómics más populares a la pantalla grande, la cereza del pastel es el regreso de Spider-Man a los filmes de “La Casa de las Ideas” y su confirmación como parte del equipo de Iron Man.

Capitán América: Civil War aborda a un nuevo equipo de Avengers: Visión, Bruja Escarlata, Falcon y Viuda Negra conforman este grupo junto al Capitán América como líder y, un tanto más alejado del campo de batalla Iron Man siendo una suerte de publirrelacionista.

Capitán América: Civil War

Sin embargo, el statu quo del equipo es amenazado cuando, tras una accidentada misión en la que pierden la vida varias personas en Nigeria, los Avengers son encarados por el secretario de Defensa estadounidense, Thadeuss Ross, para que se sometan a la jurisprudencia del país y de Naciones Unidas. Como prácticamente ya todo mundo sabe, Tony Stark está de acuerdo en que deben ser supervisados por alguien, mientras que Steve Rogers considera un riesgo estar a las órdenes de un organismo superior.

Es obvio entender el sentimiento de culpa del hombre bajo la armadura de Iron Man por los eventos tras la creación de Ultrón, pero por otra parte todos los argumentos del ex coronel Ross rayan en lo absurdo y desafían la continuidad misma del Universo Cinematográfico de Marvel. Es como si los directores, Anthoy y Joe Russo, pensaran que el público es tonto y no se daría cuenta de tremendos huecos en la trama.

¿Retcon en cine?

El argumento central de Capitán América: Civil War es que Steve Rogers rechaza alinearse a la jurisprudencia del gobierno americano y de Naciones Unidas, algo que resulta incomprensible, pues la Iniciativa Avengers es un programa de defensa orquestado por SHIELD, la agencia de espionaje y antiterrorismo estelar de Estados Unidos y la ONU. Vaya, desde su concepción misma el Capitán América es  un agente de su gobierno y cuando regresa a la acción en la era moderna queda más claro que nunca. Es tan claro que un oficial del Ejército, James Rhodes, es parte de los Avengers con la armadura de War Machine.

Además de eso, también se culpa al equipo de la destrucción en Nueva York, en Los Vengadores, siendo que los superiores de SHIELD lanzaron una bomba nuclear en la ciudad como solución. También se les achaca la caída de los Helicarrier en Washington, cuando el problema fue que estas aeronaves habían sido controladas por Hydra después de filtrarse en los rangos de SHIELD y del mismo gobierno estadounidense.

Pero a los hermanos Russo les importó un pepino los eventos anteriores a Capitán América: Civil War. Fiel a la usanza de los cómics, aplicaron una especie retcon (resetear la continuidad) cual si fuera un recurso válido para justificar una trama que desde el principio se notaba sin botas ni casco: Capitán América se hacía como si nunca había estado bajo las órdenes del gobierno, el gobierno le echaba la culpa de sus decisiones a los Avengers y el espectador hacía como que no había visto las últimas películas del estudio.

Bucky, Zemo y el ensamble de personajes

Para echarle gasolina a la combustión, Capitán América: Civil War añade a Soldado del Invierno y Helmut Zemo. El primero se convierte en la manzana de la discordia entre Rogers y Stark, -uno lo quiere a su lado, el otro lo quiere preso-, en tanto que el segundo funciona a manera de un cuasi titiritero antagonista (porque villano, lo que se dice villano, nunca a llega a ser) con demasiada suerte, intentando mover los hilos del conflicto para avivarlo, aunque la mayoría de ocasiones éste se prende solito por decisiones irracionales de los personajes o por pura y mera coincidencia: todo le sale a aunque no tenga mucho sentido.

El acercamiento a Zemo es muy disímil al de los cómics, y ofrece un personaje bastante más humano, aunque al mismo tiempo más flojo como antagonista de peso. No faltará quien nuevamente acuse a Marvel de no tener un roster a la altura en cuanto a malosos se refiere o de no saber aprovecharlo; en todo caso Marvel luce últimamente tan falto de villanos bien estructurados que es más divertido ver darse de trompadas a sus superhéroes.

Crossbones, en una imagen de la película Capitán América: Civil War.

Ah sí, también sale Crossbones, pero su aparición es meramente anecdótica.

No obstante la trompicada y en muchos momentos ilógica trama, el largometraje mantiene la clásica fórmula Marvel: acción, chick flick, efectos especiales y comedia, mucha comedia. El ritmo narrativo es vertical y sin parones, con una secuencia de acción sucediendo en pocos minutos a la anterior. Eso sí, cuando los protagonistas comienzan a contar trillones de chistes durante la que se supone es la batalla estelar (la del aeropuerto), es fácil anticipar que es una pelea de mentiritas donde no pasa nada y nadie se lastima. Además nadie puede morir, porque Disney tiene muchos muñecos que vender.

Mientras el primer acto es un absurdo narrativo, el segundo, aún con su combate de chocolate, es bastante divertido; la inclusión de Pantera Negra, Hawkeye, Spider-Man y Ant-Man, le dan uno de los pocos elementos sorpresivos a la experiencia, con estos dos últimos personajes robándose la función por encima de los superhéroes estelares en turno y logrando un interesante ensamble de poderes y habilidades. Pero cuando Capitán América: Civil War debía mejorar y cerrar con broche de vibranium, en el tercer acto, nos ofrece una conclusión estéril y sin mayores repercusiones.

Ni tan guerra civil

El final del filme nos deja ante la sensación de que poco o nada cambió realmente al interior del equipo. Tan es así que Marvel prepara un largo descanso para esta alineación de los Vengadores y explorará caras nuevas en sus próximos estrenos como Black Panther, Capitana Marvel, Doctor Strange y el nuevo Spider-Man, del cual se ve tan poco que es difícil juzgar qué tan buena o mala es esta versión comparada con las anterior.

Al contrario de los cómics, esta Civil War no deja mayores consecuencias ni en el grupo ni en sus integrantes, no hay escombros sobre los cuales escarbar y la construcción de la historia es muy forzada, con eventos que tienen poca o ninguna relación con el plan “maestro” que se fragua tras el conflicto y más bien diseñada para que se luzcan los protagonistas, aunque no tenga mucha lógica.

No importando todo este cúmulo de puntos en contra, tengo que reconocer que al menos en lo general me pasé un buen rato con Capitán América: Civil War. Es un festín en cuanto a acción, un espectáculo en toda la extensión de la palabra con algunos momentos de comedia inteligente, aunque con muy poca carnita. La historia es tan pero tan simple, que prácticamente es imposible emitir spoilers. ¿Qué evento sucede en la película realmente importante como para contarlo y se la eches a perder a alguien? Ninguno.

Palomera y nada más

Pese a su decepcionante contexto del conflicto, Capitán América: Civil War es el clásico blockbuster palomero de verano que por sus bien coreografiadas batallas y el ensamble de superhéroes vale la pena ver al menos una vez, aunque Ant-Man, Iron Man, Los Vengadores y, sobre todo, El Soldado del Invierno son mucho mejores exponentes del buen cine que puede hacer Marvel con narrativas mejor logradas y apegándose a su propia continuidad.

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