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Críticas, análisis y reseñas

Reseña de Street Fighter V

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Street Fighter V

Más de un millar de retas en línea después, superar todos los modos de juego en solitario y otro ciento de partidas multijugador local, tengo mi versión de la reseña de Street Fighter V, la más reciente entregada del máximo exponente del género de videojuegos de peleas que en su lanzamiento fue golpeada y acusada de carecer de contenido y tener innumerables fallas.

Street Fighter V

Y es que Street Fighter V, tras anunciarse su exclusiva para PC y PlayStation 4, fue la razón de muchos de adquirir esta consola, o al menos de decidirse por una. A su salida, Street Fighter V fue blanco de críticas y opiniones totalmente encontradas, incluyendo la nuestra, donde dejamos en claro que varios de los argumentos que se le achacaban eran totalmente falsos. ¿Pero qué tan mala o buena es realmente es la experiencia de agarrarse a trompones con Ryu, Ken y compañía en esta ocasión?

Para los novatos en la saga o que la retoman después de algún tiempo, pueden estar tranquilos. Street Fighter V domina lo más importante en el género: movilidad milimétricamente perfecta y la suficiente variedad en personajes y estilos de juego como para no soltarlo en meses. Aunque se comparten ciertas mecánicas entre los 16 combatientes incluidos, la curva de real de aprendizaje entre cada uno de ellos varía, pero el balance se mantiene y a largo plazo puedes usar a cualquier personaje para hacerle frente al resto sin desventajas notorias.

Los modos no son tan reducidos como varios señalan. Hay cuatro dificultades de Sobrevivencia, cada una de ellos para los 16 peleadores, 64 recorridos en total. Tenemos retas rankeadas y amistosas en línea junto al clásico modo versus para competir contra amigos de manera local. Además, un breve modo Historia, que desgraciadamente se reduce a dos o tres peleas por personaje mientras te narran su punto de vista de los acontecimientos con bellas ilustraciones y doblaje de voz.

Nuevo contenido de forma frecuente

Es una lástima que fuera tan corto, los relatos son interesantes pero terminar el modo Historia de cada peleador te toma a lo mucho cuatro minutos si te chutas el texto completo y los dejas platicar a gusto. Habrá que esperar para junio, mes en que Capcom anunció un expandido modo Historia estilo cinematográfico como nunca antes en la franquicia (y similar al de Mortal Kombat y Mortal Kombat X).

Para los veteranos, quizá el resto de modos salga sobrando y brinquen al entrenamiento y la reta en línea; es muy probable que directamente a la reta en línea porque muchos ya habrán probado la beta de Street Fighter V y estarán algo familiarizados con el sistema.

En ambos casos es necesario clarificar el modelo de negocios al que apunta Capcom con Street Fighter V. La compañía japonesa pretende mantenerlo vigente por largo tiempo mediante actualizaciones periódicas de contenido que incluyen modos adicionales, más escenarios, ajustes de balance y hasta personajes nuevos, todo de manera gratuita, con el único requisito de “comprar” el contenido adicional mediante los puntos de pelea que obtenemos al jugar normalmente. Estos puntos son bastante sencillos de sumar y no parece que será un inconveniente para quien lo juegue cada dos fines de semana.

Ciertamente se extrañan modos como el de Desafíos y el Arcade, pero ya sabemos que regresarán o habrá equivalentes en Street Fighter V mediante descargas gratuitas futuras. Y aunque de entrada uno pudiera alegar que el videojuego viene “incompleto”, en realidad apela más a un modelo de negocios tipo MMORPG, donde el estudio desarrollador añade nuevas características mediante la retroalimentación de los usuarios y a un plan de lanzamiento previamente establecido. La ventaja aquí es que la enorme mayoría de actualizaciones futuras no tendrán costo, dejando sólo las micro transacciones para algunos trajes.

De entrada, es difícil establecer un juicio de un producto que sabemos que no alcanzará su madurez sino hasta más entrado el año, pero lo que para muchos importa, la reta, la competencia, el repartir mamporros contra otros es una auténtica pasada que presenta cambios muy notorios con respecto a lo que vimos en Street Fighter IV y prácticamente todos para bien.

Street Fighter V

Capcom detalló sus planes de DLC y actualizaciones de Street Fighter V.

Lo nuevo en Street Fighter V

Las mañas viejas ya no sirven y todos se tienen que adaptar a unas cuantas nuevas. Por ejemplo, en Street Fighter IV era del conocimiento público que un buen Súper, Ultra, EX o inclusivepoder normal, tenía prioridad frente a todo tipo de golpe o patada regular, se los tragaba, pero aquí ciertos ataques normales y los agarres pueden detener poderes sabiéndolos usar, cambiando el modo de jugar en su forma más básica.

Street Fighter V también se aleja de combos complicados como eje central y regresa mucho más a la estrategia de dominar el espacio y conocer con precisión matemática las propiedades de cada ataque. Algo que se perdió en la anterior entrega fue el uso de los seis botones de forma regular; salvo para ejecutar diversas versiones de los poderes, los combates se reducían a cuando mucho tres botones por personaje, que realizaban algún ataque con cierta ventaja, pero el núcleo de la pelea se centraba en las cadenas de golpes y cancelar con Focus Attack para bajar decillones de litros de sangre. El resto de movimientos eran más bien una comparsa que anticipaban el momento del gran combo.

Street Fighter V viene con un sistema de cadenas más robusto y menos complejo, con mayores opciones de variantes para rematar dependiendo de diversas condiciones o de la lectura que le dé el usuario a la siguiente jugada. Las cadenas largas persisten, pero ahora se realizan en condiciones más restrictivas; por ejemplo, ahora sólo hay una barra de Súper y se usa también para los poderes EX, así que salvo muy raras ocasiones no podemos combinar estos dos movimientos. También hay combos que sólo salen con el V-Trigger activado, pero la duración de este momento es muy corta.

Otra característica que muchos consideraban injusta era la barra de Rage, la cual servía para desencadenar el Ultra y se llenaba a partir de los golpes recibidos, por lo que si el combatiente que iba perdiendo de repente lograba conectar este movimiento volteaba la tortilla. Era una forma de premiar con demasiada consideración al que iba perdiendo. Bueno, adiós barra de Rage, ahora los ataques recibidos sólo te sirven para llenar la de V-Skill.

De vuelta a lo básico

Street Fighter V vuelve a lo más básico, a lo que vimos en Street Fighter II y Street Fighter III. Las batallas son muchísimo más estratégicas, obligando al usuario a experimentar con cada botón y combinación de botones para marcar su distancia ideal y presionar al oponente o, por el contrario, para asentar una postura defensiva al contraataque siempre y cuando sepas exactamente en qué momento aplicarlo.

Eso sí, de momento sentí que en Street Fighter V mareas a la menor provocación y no hacen falta tantos golpes seguidos para lograrlo y el indicador muestra gráficamente cuando estás a punto de quedar aturdido (Stunt). La manera de recuperar tu barra de Stunt es brincar a la ofensiva, así que puede resultar un poco engorroso para los jugadores con vocación de tortuga.

Street Fighter V

Quien domina el espacio domina Street Fighter V.

Otro cambio importante viene en los chain combos. En Street Fighter IV todos los golpes débiles podían encadenar a uno medio y de ahí a un poder. Se abusaba del estilo footsie (colocar golpes sueltos para marcar distancia) con los débiles, pues estos muchas veces podían incluso conducir a un Súper. Ahora las cadenas son más particularizadas, cada personaje tiene un par de secuencias para alargar sus combos sólo con ataques regulares y algunas variantes para presionar y no quedar desprotegido, pero ninguna de ellas comienza con un golpe débil, que suelen tener demasiada prioridad en el suelo.

Los golpes débiles sirven para mantener presión, para no quedar descubierto, para evitar agarres o jugadas mañosas a corto alcance y también como parte de cadenas, pero no como ataques abridores, sino como opción cuando te bloquean y en lugar de seguir con un golpe de lenta recuperación recurres a un ataque rápido en cadena para pasar a la defensiva.

V-Skill y V-Trigger

Pero el mayor cambio viene en el Sistema Variable. Al presionar puño medio y patada media de forma simultánea se realiza una acción llamada V-Skill, cuyo objetivo principal es llenar la barra de V-Trigger, que una vez a tope podemos activar con puño y patada fuerte. Ambos, V-Skill y V-Trigger, varían de personaje a personaje y dominarlos es piedra angular en Street Fighter V.

Street Fighter V

La V-Skill de R. Mika es un discurso al público con propiedad de armadura y counter.

Un ejemplo, y regresando a Ryu. Su V-Skill es el parry de Street Fighter III, aunque el primer movimiento no es tan rápido y es algunos frames más lento, pero igual de útil, pero habrá que usarlo en condiciones seguras para no comerse una golpiza (que igual los ataques llenan dicha barra).

El V-Trigger de Ryu le añade electricidad a sus ataques, haciéndolo más poderosos y sus hadokens derriban al oponente. En la esquina puedes realizar un combo con hasta tres poderes EX y el V-Trigger, haciendo más daño que el mismo Súper de Ryu. Sin embargo, usarlo aunque sea una vez por round es complicado, pues los parries son un movimiento difícil de dominar y la barra se irá llenando lento, más por el daño recibido que por parries.

Otras V-Skill de Street Fighter V son más seguras y efectivas, como la de Charlie Nash, que absorbe proyectiles como hadokens. En contrapeso, su V-Trigger sólo es realmente útil en combo y tras su uso la barra se vacía rápidamente. Necalli realiza un golpe al suelo con diferente alcance que sirve para mantener a distancia a los enemigos, sorprenderlos y hasta rematar en combo; llenar su V-Trigger es facilísimo, pero esto es debido a que sólo activándolo tienes acceso a su fase real de poder, donde es más rápido y fuerte.

Street Fighter V

Con sul V-Trigger, R. Mika puede llamar a otra luchadora para rematar o alargar combos.

Detalles de este tipo, que se observan tras cientos de retas, te dan la seguridad de que Capcom hizo bien la tarea del balance, y quizá salvo el caso de Zangief, al que aún tendría que aprenderle estrategias más útiles, tenemos en Street Fighter V un roster de peleadores altamente balanceado, atreviéndome a decir que es el más competitivo de la saga en este aspecto hasta el momento (al menos de arranque y sin tantas correcciones).

Street Fighter de nueva generación

En los apartados técnicos como gráficos y sonido, Street Fighter V tampoco desmerece. Ciertamente sus visuales no me parecieron tan llamativos como los de Guilty Gear Xrd, pero sin tomar en cuenta las greñas de plastilina de Ken y Birdie y algunos detalles bruscos en las animaciones es un videojuego muy pulido en este aspecto. Vaya, los defectos que le encuentro son más bien apreciaciones muy personales del diseño de arte que otra cosa.

Los escenarios son en su mayoría llamativos y no tan parcos como la primera tanda de escenarios de Street Fighter IV. Todos tienen buena cantidad de elementos y detalles en el fondo. En sí, el estilo artístico es similar al del último título, con bordes estilo trazo a pincel de cómic, tonalidades poco saturadas en los personajes y tonos más vívidos en los fondos, todo esto con un motor 3D que simular un juego en dos dimensiones. El poder de las nuevas consolas es evidente, luce muy bien, aunque tampoco es algo que exprima tu PS4 o tu PC.

Street Fighter V

El estilo de arte sigue teniendo sentimiento de cómic.

En cuanto al sonido, el trabajo de voces es impecable en japonés e inglés, y la música es algo a destacarse, pues incluye nuevas tonadas con beats clásicos, así como melodías de antaño con arreglos modernos.

Las modalidades en línea, pese a lo que ha circulado en redes sociales, también funcionan bien. Sigue sin ser el código de red pulcro que tuvimos en Ultra Street Fighter IV o Street Fighter X Tekken, pero crear cuartos y encontrar reta online sin lag es fácil. Buscar partidas rankeadas es un poco más complicado, sigue siendo tardado y pareciera que el netcode realiza una doble y lenta verificación cada que realizamos una búsqueda.

En cuanto a la estabilidad en línea de Street Fighter V, es la clásica de Capcom. Más allá de un par de rage quits (algo que ya están castigando) no he tenido problemas de desconexiones. Pese a ello es urgente que la compañía aplique un parche para jugar más establemente de forma offline, pues aún en reta local siempre está buscando conectarse con los servidores, lo que alenta miserablemente cada que iniciamos el juego o cambiamos de modo, pudiendo incluso llevar a un error en la conexión que bote la partida aunque estemos en modos locales.

Bello y peligroso como el Satsui no Hado

¿Cumple con la altísima expectativa? Sí. Street Fighter V promete tener larga vida con sus actualizaciones periódicas y contenido nuevo cada mes, pero aún con los modos actuales es recomendable. Aquí lo divertido son las retas y de esas hay para rato. Comprar un videojuego de peleas para jugar contra la máquina es como adquirir una raqueta de tenis y una pelota para rebotarla en la pared; es muy tu decisión, pero tarde que temprano se tonará repetitivo y aburrido.

Una compañía con marcados altibajos en los últimos años como Capcom sólo ha tenido una franquicia que secuela con secuela se pule y es mejor a la anterior, y Street Fighter V continúa con esa premisa. Pese a ello, sólo con el pasar de los meses y que madure su modelo de negocios y su código en línea es que veremos si realmente merece el título del mejor guerrero a la fecha.

Periodista, cinéfilo, lector compulsivo de cómics, asesino de RPG, cazador de trofeos, amante de todo lo que tenga 32 bits o menos y consumado peleador callejero desde Street Fighter II. Cuando no estoy aquí, soy el jefe de la Redacción en Cambio de Michoacán.

Cine y TV

Crítica de Neruda

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Crítica de Neruda.

Dice Pablo de Rokha en su libro Neruda y Yo: “Pablo Neruda no pretendió poner su nombre al servicio del Partido Comunista, pretendió poner el Partido Comunista al servicio de su nombre”, recordando el dentado ego protagónico del Nobel de Literatura, un modus operandi que ni siquiera su exilio mermó, cuando se compartió en el comunista más importante y buscado de Chile. Casi 70 años después el cineasta Pablo Larraín logra colocar el nombre del poeta al servicio de su última obra, una película sobre un policía que lo persigue hasta la Patagonia.

Neruda

Neruda, sin ser un biopic, retoma elementos de la huida del poeta de su país natal en 1948, cuando siendo senador es acusado de traidor al régimen del entonces presidente Gabriel González Videla; una historia donde Pablo parece nunca querer escapar y el gobierno jamás realmente aprehenderlo, pero que en el estira y afloja revela a su verdadero protagonista: Óscar Peluchonneau, un investigador encargado de dar con el congresista desaforado.

Interpretado por el mexicano Gael García Bernal, Óscar se convierte en el narrador de este relato que navega entre el western y el noir, en la voz en off que subraya lo obvio y lo no tan obvio, se transforma en la sombra de Neruda cuando éste sale a cuadro y cuando no lo está, dibujando, imaginando, armando castillos en el aire con la eventual captura del escritor, contrarrestando sus versos con una prosa tosca pero descriptiva a todo volumen que refleja no sólo los pensamientos del agente, sino el eterno instinto de competencia entre los dos, aún en lo literario.

Ambos se persiguen, se prueban, se topan sin darse cuenta o haciendo como como que no se toparon, juegan a seguirse encontrando incidentalmente, a retar sus habilidades para escaparse y seguirse la pista mientras cada uno cree poder escribir la conclusión de la novela policial que entretejen.

El (rebuscado) lenguaje Larraín

El director Pablo Larraín, por su parte, ideó su propio lenguaje audiovisual paralelo, buscó la forma de transformar los versos del chileno en imágenes que se reciten a sí mismas y maquilló los textos de Óscar para que compitan con la riqueza literaria de Pablo. El cineasta cambió para éste, su sexto largometraje, su manera de concebir ficciones: sus planos íntimos y cercanos, como en Post Mortem, no llegan a la cita en favor de un atractivo pero abrupto lenguaje fílmico a base de tomas abiertas y efectos especiales de antaño que evocan la lírica, la nostalgia y el arte.

Sin embargo, Larraín abusa de ello. Media función se va entre guiños y recursos que lucen reiterativos y rebuscados ante la obvia narración, porque pareciera en muchos momentos que para el director era necesario que la película se contara a sí misma en voz alta. A favor, la cinematografía pierde su efecto pero no su encanto gracias a las atinadas interpretaciones y el inquebrantable guion de Guillermo Calderón que le acompañan.

Luis Gnecco (“Cucaracha” en Narcos) es un Pablo Neruda creíble e increíble a la vez. El filme lo coloca como un recalcitrante militante comunista -al grado de no asearse por considerar la higiene un valor imperialista-, pero poco a poco vemos a la realidad detrás del mito, al poeta después de sus versos: un hedonista repleto de arranques e incoherencias, fino en el arte del debate socialista y amante de los placeres excesivos de la burguesía, de las prendas lujosas, de las bacanales y todo lo que el dinero pueda pagar. Gnecco destruye y reconstruye su personaje ofreciendo al público una rica variedad de facetas que apenas quizá asoman a describir la realidad del mismo.

Mercedes del Morán, también versátil y atinada en su papel de la pintora Delia del Carril, esposa abnegada, abnegadísima, de Pablo Neruda, capaz con la misma gracia de soportarle cualquier desplante que de aconsejarle sutilmente sobre su futuro y servir como la comparsa de sus caprichos extra maritales.

Finalmente Gael García, el invitado mexicano incómodo y viejo conocido de Larraín en No (2012), el personaje fuera de la realidad histórica que se inventa a sí mismo mientras avanza Neruda, secuestrando a mano armada el protagonismo del Nobel chileno. Óscar Peluchonneau es casi una metáfora de Pablo, con un pasado pobre y lleno de miseria que encuentra en un segundo tramo de su vida la oportunidad de reivindicarse y forjar su propio camino, de encontrar el éxito, encarnado para él en atrapar a Pablo Neruda, el comunista traidor.

Interesante historia no tan de Neruda

Y cuando Pablo tiene que huir, cuando de verdad tiene que hacerlo durante el tercer acto de la película, Neruda se redime a sí misma. La narrativa subrayada y la cinematografía poco ortodoxa de Larraín se revelan como ingredientes de esta cuasi ficción que sólo toman su justo lugar en las secuencias finales -en la nieve y muy bien logradas- y desvanecen un poco la pretenciosidad que por momentos desborda esta obra. Desgraciadamente para muchos que esperaban algo más apegado a la realidad histórica y pese a lo atractivo de su apuesta, Neruda es casi una película de Óscar Peluchonneau, de cómo este policía se transforma en la creación más interesante del poeta, aunque esto de verídico no tenga nada. Un filme sobre lo nerudiano del Chile de aquellas épocas más que de Pablo Neruda mismo.

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Cine y TV

Crítica de Escuadrón Suicida

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Póster de Escuadrón Suicida.

Para casi todos de quienes gustan del cine de superhéroes sólo existe una fórmula correcta de hacer películas del género. Cualquier producción que se aleja de este molde se enfrenta al rechazo y la comparación con lo que pudo haber hecho o ya hizo Marvel. Escuadrón Suicida no se escapa de esas muchas veces odiosas comparaciones, y aunque dista mucho de ser un fino largometraje, tiene varios puntos a su favor que lo convierten en un entretenido estreno.

Inspirada en el cómic homónimo de DC y bajo la dirección y guión de David Ayer (Día de Entrenamiento, 2001), Escuadrón Suicida, contrario a lo mostrado en Batman vs Superman: El Origen de la Justicia, se toma más libertades narrativas, pero dado lo desconocido que este equipo es para la mayoría del público, incluyendo los lectores frecuentes de historietas, nunca se convierte en tema álgido de debate.

Escuadrón Suicida

Las diferencias entre el filme y el material original se establecieron para apelar a una audiencia más amplia, pasteurizar la crudeza de varios de los integrantes del equipo y generar un imán de taquilla con algo que se ubique fácilmente, en este caso la figura del Joker.

Con estos cambios en mente y al menos un par de revisiones sobre la versión filmada en primera instancia, Escuadrón Suicida es la entrega del Universo Extendido de DC con más sabor a Marvel: acción con varios tintes de comedia y una trama sencilla que centra su posible éxito en el clic que los protagonistas logren hacer con el espectador.

Amanda Waller, una oficial de seguridad al servicio de la Casa Blanca, idea un grupo de choque integrado por poderosos villanos convictos. Su idea es que éste sirva en caso de que “el siguiente Superman no resulte ser tan amable”.

Su  primera misión es infiltrarse en una ciudad presa de un misterioso “ataque terrorista” y rescatar a una persona muy importante para el gobierno americano. El argumento es una línea recta con un par de desviaciones ligeramente sorpresivas hacia el segundo acto, pero a pesar de que peca de simple -y a veces algo ingenua- encaja muy bien en la dinámica de que son los personajes y no la trama quienes dirigen la función.

El equipo de antihéroes

Deadshot, un asesino a sueldo que jamás falla un disparo. Mientras su versión de cómic es bastante cruel y despiadada, Will Smith da vida a un mercenario más humano y carismático, sabedor de sus “pecados” y buscando de cierta forma redimirlos. Su motor para embarcarse en la misión es su hija, con quien perdió comunicación tras ser encerrado.

Margot Robbie es Harley Quinn, quizá el segundo gancho comercial más importante en Escuadrón Suicida. Una siquiatra que se enamora de un antiguo paciente, Joker, con quien mantiene una enfermiza relación de amor y sumisión para luego ser enemiga recurrente de Batman. Con espectaculares habilidades de gimnasia y combate, no tiene mucho sentido de cualquier forma que manden a la guerra a una arlequín con bat; fuera de eso, su personaje se adueña rápidamente de la pantalla con sus bromas y retorcida lógica.

El Diablo (Jay Hernández) es seguramente la sorpresa en el casting. Se trata de un chicano con habilidades piroquinéticas impresionantes, pero un pasado tan oscuro que prefiere mantenerlas a raya. Para el público mexicano se convertirá en la estrella del equipo, no sólo por su nacionalidad, sino por lo bien trabajado de su personaje.

Killer Croc es el otro “tumbado” del Escuadrón. Adewale Akinnuoye-Agbaje se pone en la piel de un “cholodrilo” con algunas líneas de diálogo bien pensadas, mas en general dejando mucho que desear si lo comparas con su contraparte de los tebeos. Un hombre lagarto tan chaparro no impone tanto ni en las cloacas.

Jai Courtney, en el rol del Capitán Búmeran, un ladrón sin honor y borracho empedernido que tampoco muestra ninguna habilidad especial como para ser tomado en cuenta en una misión clasificada, sin embargo, el también ex modelo australiano logra una actuación convincente con un personaje tan odioso y poco confiable como divertido. La comparsa de Harley Quinn: mientras ella simplemente está loca de atar, Capitán Búmeran es el tipo vivillo que quiere sacar ventaja de cualquier situación, casi siempre con resultados involuntariamente graciosos pero sin inundar la película de chiste tras chiste.

El cuadrado coronel Rick Flag (Joel Kinnaman), la inentendible samurái Katana (Karen Fukuhara), la sensual bruja de miles de años de antigüedad Enchantress (Cara Delevigne) y el prescindible Slikpnot (Adam Beach) completan el Escuadrón Suicida. Mención especial a la interpretación de Amanda Waller por Viola Davis, que le da al clavo en presentar a una mujer sin el más mínimo remordimiento cuando se aplica lo de que “el fin justifica los medios”.

El Joker de Jared Leto

Obviamente, el banquete especial, aunque no necesariamente tan estelar, es Jared Leto encarnando la versión de Joker del Universo Extendido de DC. ¿Lo hizo bien? ¿Logra superar o de menos acercarse a la mítica versión de Heath Ledger? La respuesta corta es no.

Sin adentrarnos en juicios más subjetivos sobre la adaptación, la realidad es que Joker sobra en Escuadrón Suicida. Cierto, el villano de cabellera verde y cuerpo tatuado es parte vital del origen de Harley Quinn, pero su rol es intrascendente para efectos de contar la historia y se siente como un lastre narrativo cada que aparece.

La interpretación de Leto nos deja un par de citas para recordar y una glamorosa escena en Ace Chemicals magistralmente calcada de los cómics… pero nada más. Este Joker es únicamente un imán de taquilla, un cartucho gastado de manera prematura en el afán de DC Comics de colgarle hasta el molcajete a sus largometrajes para alcanzar la línea de tiempo y catálogo de héroes y villanos que a Marvel le han costado ocho años.

Atinadamente, son Deadshot, El Diablo, Capitán Búmeran y Harley Quinn a quienes más se disfruta y los principales ingredientes de esta platillo sobrecocinado que resultó ser Escuadrón Suicida. A ello le sumamos varias escenas de acción bien logradas, efectos especiales creíbles, una sexy cinematografía estilo video musical, interesantes cameos para los fans de las historietas y una aceitada química entre los integrantes del equipo.

¿Por qué sobrecocinado? El montaje mostrado en cines es al menos el tercero de una fila de ediciones sugeridas por David Ayer por la Warner Bros. y por un panel de prueba que sugirió rebajar el tono anárquico de la cinta en pos de algo más familiar.

El corte final es aceptable y sí apela favorablemente más al público en general pero se notan a leguas los cambios: varias de las escenas del Joker presumidas en los avances no llegaron al estreno (algo bueno, en realidad), los protagonistas son muy afables para ser la crema y nata de las felonías y la banda sonora, aunque buenísima como lista de temas musicales, suena sobrepuesta y sin mucho sentido en algunas secuencias.

Escuadrón Suicida, la suma de todas sus bestias

En conclusión, Escuadrón Suicida es la suma de todas sus bestias: la simpatía de Harley, la desazón del Joker, la simpleza de Rick Flag, el tino de Deadshot, la peculiaridad de Croc, la sensualidad de Enchantress, lo vil de Amanda, la comedia involuntaria del Capitán Búmeran y lo sorpresivo de El Diablo. Una película que deja sensaciones encontradas, pero que pese a ello entretiene y sazona con algo de originalidad un cada vez más gastado género.

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Cine y TV

Crítica de Capitán América: Civil War

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Cartel de Capitán América: Civil War.

Capitán América: Civil War ya está en cartelera y con su estreno regresa todo el hype de Marvel con la que quizá sea la película más esperada del estudio desde Los Vengadores. Como si no bastara la expectativa por adaptar una de las sagas de cómics más populares a la pantalla grande, la cereza del pastel es el regreso de Spider-Man a los filmes de “La Casa de las Ideas” y su confirmación como parte del equipo de Iron Man.

Capitán América: Civil War aborda a un nuevo equipo de Avengers: Visión, Bruja Escarlata, Falcon y Viuda Negra conforman este grupo junto al Capitán América como líder y, un tanto más alejado del campo de batalla Iron Man siendo una suerte de publirrelacionista.

Capitán América: Civil War

Sin embargo, el statu quo del equipo es amenazado cuando, tras una accidentada misión en la que pierden la vida varias personas en Nigeria, los Avengers son encarados por el secretario de Defensa estadounidense, Thadeuss Ross, para que se sometan a la jurisprudencia del país y de Naciones Unidas. Como prácticamente ya todo mundo sabe, Tony Stark está de acuerdo en que deben ser supervisados por alguien, mientras que Steve Rogers considera un riesgo estar a las órdenes de un organismo superior.

Es obvio entender el sentimiento de culpa del hombre bajo la armadura de Iron Man por los eventos tras la creación de Ultrón, pero por otra parte todos los argumentos del ex coronel Ross rayan en lo absurdo y desafían la continuidad misma del Universo Cinematográfico de Marvel. Es como si los directores, Anthoy y Joe Russo, pensaran que el público es tonto y no se daría cuenta de tremendos huecos en la trama.

¿Retcon en cine?

El argumento central de Capitán América: Civil War es que Steve Rogers rechaza alinearse a la jurisprudencia del gobierno americano y de Naciones Unidas, algo que resulta incomprensible, pues la Iniciativa Avengers es un programa de defensa orquestado por SHIELD, la agencia de espionaje y antiterrorismo estelar de Estados Unidos y la ONU. Vaya, desde su concepción misma el Capitán América es  un agente de su gobierno y cuando regresa a la acción en la era moderna queda más claro que nunca. Es tan claro que un oficial del Ejército, James Rhodes, es parte de los Avengers con la armadura de War Machine.

Además de eso, también se culpa al equipo de la destrucción en Nueva York, en Los Vengadores, siendo que los superiores de SHIELD lanzaron una bomba nuclear en la ciudad como solución. También se les achaca la caída de los Helicarrier en Washington, cuando el problema fue que estas aeronaves habían sido controladas por Hydra después de filtrarse en los rangos de SHIELD y del mismo gobierno estadounidense.

Pero a los hermanos Russo les importó un pepino los eventos anteriores a Capitán América: Civil War. Fiel a la usanza de los cómics, aplicaron una especie retcon (resetear la continuidad) cual si fuera un recurso válido para justificar una trama que desde el principio se notaba sin botas ni casco: Capitán América se hacía como si nunca había estado bajo las órdenes del gobierno, el gobierno le echaba la culpa de sus decisiones a los Avengers y el espectador hacía como que no había visto las últimas películas del estudio.

Bucky, Zemo y el ensamble de personajes

Para echarle gasolina a la combustión, Capitán América: Civil War añade a Soldado del Invierno y Helmut Zemo. El primero se convierte en la manzana de la discordia entre Rogers y Stark, -uno lo quiere a su lado, el otro lo quiere preso-, en tanto que el segundo funciona a manera de un cuasi titiritero antagonista (porque villano, lo que se dice villano, nunca a llega a ser) con demasiada suerte, intentando mover los hilos del conflicto para avivarlo, aunque la mayoría de ocasiones éste se prende solito por decisiones irracionales de los personajes o por pura y mera coincidencia: todo le sale a aunque no tenga mucho sentido.

El acercamiento a Zemo es muy disímil al de los cómics, y ofrece un personaje bastante más humano, aunque al mismo tiempo más flojo como antagonista de peso. No faltará quien nuevamente acuse a Marvel de no tener un roster a la altura en cuanto a malosos se refiere o de no saber aprovecharlo; en todo caso Marvel luce últimamente tan falto de villanos bien estructurados que es más divertido ver darse de trompadas a sus superhéroes.

Crossbones, en una imagen de la película Capitán América: Civil War.

Ah sí, también sale Crossbones, pero su aparición es meramente anecdótica.

No obstante la trompicada y en muchos momentos ilógica trama, el largometraje mantiene la clásica fórmula Marvel: acción, chick flick, efectos especiales y comedia, mucha comedia. El ritmo narrativo es vertical y sin parones, con una secuencia de acción sucediendo en pocos minutos a la anterior. Eso sí, cuando los protagonistas comienzan a contar trillones de chistes durante la que se supone es la batalla estelar (la del aeropuerto), es fácil anticipar que es una pelea de mentiritas donde no pasa nada y nadie se lastima. Además nadie puede morir, porque Disney tiene muchos muñecos que vender.

Mientras el primer acto es un absurdo narrativo, el segundo, aún con su combate de chocolate, es bastante divertido; la inclusión de Pantera Negra, Hawkeye, Spider-Man y Ant-Man, le dan uno de los pocos elementos sorpresivos a la experiencia, con estos dos últimos personajes robándose la función por encima de los superhéroes estelares en turno y logrando un interesante ensamble de poderes y habilidades. Pero cuando Capitán América: Civil War debía mejorar y cerrar con broche de vibranium, en el tercer acto, nos ofrece una conclusión estéril y sin mayores repercusiones.

Ni tan guerra civil

El final del filme nos deja ante la sensación de que poco o nada cambió realmente al interior del equipo. Tan es así que Marvel prepara un largo descanso para esta alineación de los Vengadores y explorará caras nuevas en sus próximos estrenos como Black Panther, Capitana Marvel, Doctor Strange y el nuevo Spider-Man, del cual se ve tan poco que es difícil juzgar qué tan buena o mala es esta versión comparada con las anterior.

Al contrario de los cómics, esta Civil War no deja mayores consecuencias ni en el grupo ni en sus integrantes, no hay escombros sobre los cuales escarbar y la construcción de la historia es muy forzada, con eventos que tienen poca o ninguna relación con el plan “maestro” que se fragua tras el conflicto y más bien diseñada para que se luzcan los protagonistas, aunque no tenga mucha lógica.

No importando todo este cúmulo de puntos en contra, tengo que reconocer que al menos en lo general me pasé un buen rato con Capitán América: Civil War. Es un festín en cuanto a acción, un espectáculo en toda la extensión de la palabra con algunos momentos de comedia inteligente, aunque con muy poca carnita. La historia es tan pero tan simple, que prácticamente es imposible emitir spoilers. ¿Qué evento sucede en la película realmente importante como para contarlo y se la eches a perder a alguien? Ninguno.

Palomera y nada más

Pese a su decepcionante contexto del conflicto, Capitán América: Civil War es el clásico blockbuster palomero de verano que por sus bien coreografiadas batallas y el ensamble de superhéroes vale la pena ver al menos una vez, aunque Ant-Man, Iron Man, Los Vengadores y, sobre todo, El Soldado del Invierno son mucho mejores exponentes del buen cine que puede hacer Marvel con narrativas mejor logradas y apegándose a su propia continuidad.

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